Historia y Arte de Málaga La Catedral de la Encarnación de Málaga. Historia de su construcción y descripción exterior e interior

 

ARTE EN MÁLAGA

Juan V. Navarro Valls

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Capilla Mayor

 

Tiene planta semidecagonal y su estructura se asocia a la representación idealizada del Templo de Salomón. Su construcción (1550-1580) se debe al maestro Diego de Vergara, siendo decorada  entre 1582 y 1588  por el italiano César Arbasia, que realizó pinturas y labores de dorado en los elementos arquitectónicos.

 

Consta de dos cuerpos: El inferior contiene una arquería sostenida con pilares a los que se adosan columnas corintias. Entre ellos se muestran cinco frescos del citado Arbasia sobre la Pasión de Cristo, que representan, de izquierda a derecha, Jesús ante Anás, La Oración del Huerto, La institución de la Eucaristía, Jesús ante Pilatos y La Flagelación. Se culmina este cuerpo con un entablamento en cuyo friso alternan los motivos vegetales con los bustos en piedra de personajes bíblicos (Abraham con Isaac, San Juan Bautista, Moisés y David) y Padres de la Iglesia (San Agustín, San Ambrosio, San Gregorio y San Jerónimo).

 

La galería superior está integrada por otra arquería de medio punto con ángeles en las enjutas, sostenida por pilares que contienen hornacinas aveneradas con esculturas de cuerpo entero de Mártires (San Ciriaco, San Lorenzo, San Sebastián, San Esteban, Santa Catalina, Santa Inés (confundida por algunos con Santa Águeda), Santa Eufemia y Santa Paula, todas ellas realizadas también en piedra como las del cuerpo inferior. Sobre dichos pilares descansan también los nervios lisos, radiales y de poco resalto que soportan la bóveda horno o de cuarto de esfera que cubre la capilla.

 

El tabernáculo del siglo XIX

 

El centro de la capilla mayor lo ocupa un tabernáculo de mármol de varios colores que sustituye a otro del siglo XVI que no ha llegado hasta nosotros. De estilo neoclásico, diseñado en el siglo XIX por el arquitecto Francisco Enríquez Ferrer, lo llevó a cabo el escultor José Frapolli Pelli, y fue sufragado por las familias más destacadas de la burguesía decimonónica malagueña encabezada por los Heredia, Loring y Larios.

 

Los púlpitos

 

A  ambos lados del presbiterio  se ubican sendos púlpitos sufragados por el obispo Fray Alonso de Santo Tomás, de ahí que aparezca en ellos su escudo. Fueron diseñados por Fray Juan Bautista y realizados entre 1674 y 1677 por el  cantero Melchor Aguirre en mármol rojo de Cabra. En ellos se ha querido ver la influencia de Alonso Cano. Las monteras o tornavoces de los mismos son de madera labradas por el escultor Jerónimo Gómez en el siglo XVIII, aunque fueron reconstruidas en la postguerra, ya que las figuras que las coronan desaparecieron en 1936.

 

Decoración de las bóvedas de los tramos inmediatos a la Capilla Mayor

 

En las bóvedas de los tramos inmediatos a esta capilla, se encuentran relieves en piedra realizadas por José Gómez entre los años 1759 y1763 con las figuras de San Miguel, San Rafael, San Gabriel, la Alegoría de la Providencia, San José Santo Tomás, San Hermenegildo y San Fernando.

Crucero y naves

 

El crucero

 

Ocupa un espacio rectangular más amplio que la nave  adyacente que lo separa de  la Capilla Mayor. El lugar donde se cruza con la nave central (el crucero propiamente dicho, ya que a todo el tramo se le suele denominar transepto) se cubre con un casquete esférico ricamente decorado, presentando en las cuatro pechinas medallones  referidos dos de ellos a la Encarnación (uno con la Virgen, otro con el Ángel); y los dos restantes con el jarrón de azucenas, emblema de la Catedral, y un cáliz con la Sagrada Forma. Bajo ellos se exhibe la fecha de 1770, año en que Alonso de Rivera  restauró el dorado de esta zona. El transepto no sobresale del templo  y sólo se distingue por su mayor anchura.

 

Las naves

 

La planta de la Catedral consta de  de tres naves de igual altura (38 metros, con excepción de la girola 2 metros más baja) separadas por arcos de medio punto que se apoyan sobre pilares de pedestal cruciforme redondeado, con columnas adosadas de orden corintio. Los capiteles sostienen trozos de entablamento que, a su vez, sirven de apoyo a elevados pilares sobre los que descansan las bóvedas. De esta manera, se logra proporcionar al templo una altura y esbeltez considerable.

 

La nave central, de 16 metros de anchura, se encuentra interrumpida por el formidable coro que más abajo se describe. Las naves laterales, 5 metros más estrechas que la central, corren por detrás de la cabecera formando una girola o deambulatorio, elemento más típico de las catedrales románicas de peregrinación (por ejemplo, Santiago de Compostela) y de las góticas que de una catedral renacentista, recordándonos de esta manera su  trazado inicial. La cubierta de los tramos trapezoidales de la girola se soluciona con casquetes esféricos comprimidos (tal y como se anticipó en la página de la historia de la construcción de la Catedral),  y no con bóvedas de crucería o de nervios que era la forma típica de los estilos medievales. A las naves laterales y al deambulatorio se abren capillas.

 

Coro

 

Vicisitudes que atravesó su construcción

 

La decisión del obispo García de Haro, partidario de terminar las obras de la Catedral Nueva en el crucero y construir un coro más pequeño y sin muchas pretensiones arquitectónicas, chocaron  con la del Cabildo, partidario de hacerlo más amplio y con fuertes pilares que aseguraran la continuidad del templo. Esto ralentizó el inicio de su construcción, que comenzó su arquitectura a finales del año 1597 y se finalizó en 1603, trasladándose las sillas del antiguo  al recién construido, aunque, al parecer, no eran ni suficientes ni apropiadas. En 1609 el cabildo insta al obispo Juan Alonso Moscoso a que se realicen sillas nuevas, pero no se llegaron a terminar.

 

Los trabajos de la sillería se desarrollarán en tres etapas desde 1633 a 1660

 

En 1633 se le encarga a Luis Ortiz de Vargas que comience la construcción de la nueva sillería para el coro. La tarea no terminará hasta el año 1660, desarrollándose en tres etapas en las que intervinieron tres grandes  escultores. Se utilizaron maderas de cedro y caobilla de América.

 

En una primera etapa 1633-1638, el mencionado Ortiz de Vargas llevará a cabo la estructura básica de la arquitectura en madera, la Virgen con el Niño del sitial del obispo y los relieves de San Pedro y San Pablo del respaldo de las sillas colaterales. Aunque su contrato era de ocho años, se dio por finalizado antes de tiempo debido a la buena marcha de las obras y a problemas con los miembros de su taller.

 

La segunda etapa es la del escultor José Micael Alfaro, que trabaja desde el cese del anterior hasta que muere en 1650. A él corresponde los bustos de la crestería y la mayoría del apostolado.

 

La tercera etapa 1658-1662, corresponde a Pedro de Mena, que trabajará en la sillería hasta su total finalización, dotándola de una excepcional calidad estética y técnica. Sus figuras cargadas de sentimiento, llegan a ser verdaderos retratos  y las calidades de los paños y plegados son de enorme nivel. Realizó las esculturas de los  cuarenta tableros  que quedaban por terminar, completándose todo en el año1662.

 

En el centro del coro se ubica un facistol, construido entre 1645 y 1671, atribuido a Luis Ortiz de Vargas y a Fernando Ortiz (de mismo nombre que el insigne escultor e imaginero malagueño del siglo XVIII) .

Aclaración a la foto 8-12: ¿qué es la misericordia y el facistol?

 

La misericordia en las sillerías de coro consiste en una pequeña ménsula, a menudo decorada, que se coloca bajo cada asiento con el fin de que, cuando este se plegase porque hubiera que levantarse y cantar, si el tiempo era muy prolongado, los participantes pudieran apoyar las nalgas sobre ella y así reducir el cansancio.

 

El facistol es un atril grande donde se coloca el libro de canto en las iglesias. En los coros el facistol, que se ubica en el centro del recinto coral, suele tener cuatro caras para colocar diversos libros que se corresponden con cada voz . La forma más común es la de pirámide truncada, apoyada en un pie o pedestal y adornada con algún remate religioso o simbólico. En el caso que nos ocupa, está rematado por un templete que cobijaba una Inmaculada.

Los órganos

 

Los órganos actuales vinieron a sustituir otros anteriores del siglo XVI

 

Puede ser que los primeros órganos se remontasen a la existencia de la Catedral Vieja, pero  en el siglo XVIII se consideró que no estaban ni en la ubicación adecuada ni  en consonancia con la categoría del coro, por lo que el Cabildo se plantea la necesidad de hacer unos nuevos, llegando algunos proyectos al obispo José Molina Lario a partir de 1776.

 

Los nuevos órganos serán sufragados por el Cabildo y por  el obispo Molina Lario

 

Los órganos fueron sufragados al cincuenta por ciento por el Cabildo y el Obispo, quedando constancia en los escudos que aparecen en ellos: el del Obispo Molina Lario en el órgano del Evangelio, y el jarrón de azucenas emblema de la Catedral y su Cabildo,  en el de la Epístola.

 

Julián de la Orden y José Martín de Aldehuela fueron sus constructores (1778 - 1782)

 

Se le encarga la ejecución de la maquinaria a Julián de la Orden, mientras que la arquitectura de las cajas fue obra de José Martín de Aldehuela. Constan de tres cuerpos que decrecen en altura, donde tubos y trompetería cumplen una doble función (musical y decorativa), alternándose con columnas corintias y decoración vegetal de color verde y oro. El segundo cuerpo contiene en sus extremos esculturas de la Fama y las Virtudes, mientras que en el tercer cuerpo aparece un frontón triangular con ángeles trompeteros. Dichas tallas fueron realizadas por Juan de Salazar y Antonio Medina. El estilo de estos imponentes órganos se puede situar entre el  rococó y el clasicismo .

Tramo norte del crucero

 

En este espacio podemos encontrar una serie de obras de diferente interés, pues junto a algunas que son de escasa calidad aparecen otras que sí son dignas de tenerse en cuenta. Nos centraremos en las siguientes:

 

En primer lugar, destaca el marco-retablo del altar de San Sebastián, realizado a finales del siglo XVIII según diseño de Martín de Aldehuela. Está integrado por cinco cuadros de estilo manierista ejecutados por el pintor italiano Jacopo Palma El Joven, en el año 1596 en los que se representan La Adoración de los Reyes Magos, El Martirio de San Bartolomé, El Martirio de San Sebastián, Santa María Magdalena y Santa Catalina de Alejandría.

 

También hay que reseñar un Cupido atribuido a la escuela de Van Dyck (siglo XVII), una Inmaculada con Dios Padre de la escuela de Murillo (siglo XVII) y un actual e interesante cuadro de la Anunciación, obra del pintor melillense Francisco Hernández,  afincado en  Vélez-Málaga hasta su muerte en 2012.

 

Las vidrieras que están situadas en este tramo del crucero se construyeron en el siglo XIX y en ellas se representan  tres momentos de la vida de Jesús: Su Bautismo, Las Tentaciones y las Bodas de Caná.

Antesacristía

 

Este espacio,  que da acceso a la sacristía, se conoce también como Capilla de San Julián

 

El nombre de Capilla de San Julián se debe al cuadro de La aparición de la Virgen a San Julián, de Cristóbal García Salmerón, que se colocó en el altar del  testero derecho en el siglo XVII. Destaca este cuadro por los claroscuros que presenta, por los marcados volúmenes y por el naturalismo en la expresión tanto del rostro como del gesto  del santo momentos antes de su muerte.

 

El convite del fariseo

 

Presidiendo el testero central, sobre la puerta de la sacristía, se halla El convite del fariseo, cuadro de Miguel Manrique (siglo XVII) , realizado para el refectorio del convento de la Victoria de la Orden de los Frailes Mínimos de San Francisco de Paula y que, tras la desamortización de Mendizábal en 1836, fue trasladado a la Catedral. Esta obra está vinculada estilísticamente a la escuela flamenca y veneciana, aunque algo más sobria y con más profundidad que la primera al estar estructurada en tres planos: delante, Jesús y María Magdalena; en un segundo plano el resto de comensales; y un tercer plano con los servidores del banquete.

Resto de obras que contiene la antesacristía

 

Otras obras de buena ejecución son una Inmaculada, llamada la Virgen de la Cinta, atribuida a Antonio Torres (siglo XVIII);  El descanso de la huida a Egipto, anónimo flamenco del siglo XVII; y El Desposorio místico de Santa Catalina, de la escuela madrileña de la segunda mitad del siglo XVII. Junto a ellas aparecen en la capilla otras de menor interés del siglo XIX, como son las de Concepción Cuadra: San Francisco de Asís y Santa Úrsula; y San Juan de Dios y San Diego de Alcalá ambos cuadros de Rafaela Roose. Además, la antesacristía cuenta con dos cornucopias del Niño Jesús, el retrato de Fray Diego de Cádiz de J. Belmonte (siglo XIX);  un cuadro réplica  de El retrato de San Ignacio de Loyola de Alonso Cano; y un San Jerónimo copia de Ribera.

Capilla del Cristo del Amparo

 

Es una de las primeras capillas que se adornó de la Catedral Nueva

 

La advocación a de esta capilla al Cristo del Amparo data de los inicios de la Catedral Nueva y, aunque en un principio estuviese dedicada a la Quinta Angustia, pronto pasó a venerarse una imagen de Cristo Crucificado, aunque de calidad menor al que hoy preside el altar. Delante de esta capilla se colocó el primer coro de la Catedral, cuando ésta solamente llegaba hasta la nave del transepto. Entonces se conocía como "Capilla del Transcoro". En una cripta situada bajo ella están enterrados buena parte de los obispos de la Diócesis de Málaga.

 

Contiene obras de gran interés

 

A principios del siglo XVII, se encarga al escultor granadino Antonio Gómez la imagen del Cristo del Amparo para presidir el testero principal de la capilla. La figura del Cristo se aleja de los cánones renacentistas para adoptar un naturalismo más dramático, propio ya del barroco que se acabará imponiendo en ese siglo, cuyo estilo se observa también en los bucles labrados en el cabello y la barba del Crucificado.

 

A ambos lados del Cristo, se encuentran dos pequeñas urnas que contienen las esculturas de Santa María Egipciaca (o Magdalena Penitente, según algunos especialistas) y El Éxtasis de Santa Teresa, que están fuertemente influenciadas por el estilo barroco de Bernini, sobre todo en la sensualidad de las figuras. Pertenecen a la escuela napolitana del siglo XVIII. En el mismo altar, otra urna contiene una Dolorosa de vestir de medio cuerpo, obra anónima del siglo XVII.

 

Los dos altares de las paredes laterales

 

En los muros laterales se sitúan dos altares con pinturas de Juan Niño de Guevara, del siglo XVII: en el  izquierdo (el del Evangelio de la capilla), se representa el lienzo de la Muerte de San Juan de Dios ; en el de la derecha, la Muerte de San Francisco Javier. La influencia de sus dos maestros Miguel Manrique y Alonso Cano se deja ver en estos dos cuadros de Niño de Guevara. En el siglo XVIII Juan Coronado realizó para estos altares laterales sendos marcos pictóricos simulando retablos arquitectónicos (a esto se le llama trampantojo, de "trampa ante el ojo", es decir, trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es).

 

Otras obras pictóricas de la capilla

 

Un óleo sobre tabla que representa al Calvario, de la escuela hispano flamenca (siglo XVI), en el que se mezclan características medievales con renacentistas. Un Crucificado anónimo de la escuela barroca andaluza del siglo XVII y otro que es una copia del que pintara Velázquez. Por último, cabe citar dos cuadros de Diego de la Cerda: Caída camino del Calvario y el Traslado al Sepulcro, ambos de estilo barroco.

Capilla del Pilar

 

En un primer momento esta capilla se llamó de San Gregorio, pero en el siglo XVIII, el arzobispo de Zaragoza Antonio Ibáñez de la Riva, que antes había sido canónigo de Málaga y arcediano de Ronda, donó una imagen de la Virgen del Pilar para que fuera adorada en esta capilla, a raíz de lo cual adoptó la actual advocación.

 

El retablo original del siglo XVIII ardió en 1936, y será en 1946 cuando el arquitecto Enrique Atencia diseñe y ejecute el que ahora podemos apreciar de estilo neoclásico.

 

En la hornacina central se sitúa la Virgen del Pilar, aunque cuando escribo esta página, aparece en el lugar que ésta  ocupaba una tabla con un icono de estilo bizantino que evoca al Cristo del Pantocrátor de Santa Sofía, en actitud de bendecir con la mano derecha, mientras que en la izquierda sostiene las Sagradas Escrituras. La imagen de la Virgen del Pilar aparece delante de este icono, sobre el altar del retablo.

 

En la capilla destacan los altares de Santa Teresa y San Antonio

En el lado del Evangelio se sitúa el altar con el lienzo de La Aparición del San José y el Niño Jesús a Santa Teresa y, frente a este, La Aparición de Jesús Niño a San Antonio, ambos del pintor Juan de la Cerda (siglo XVIII), de estilo barroco y con influencias de Niño de Guevara. Estos altares están encuadrados por pinturas simulando retablos arquitectónicos de  Juan Coronado, también del siglo XVIII.

 

Otros cuadros

 

Al pintor Lucas Cambiasso se le atribuye el cuadro de Santa Águeda (siglo XVI), en las que el autor sigue la técnica tenebrista de Caravaggio. También es digno de mención la Inmaculada de Juan Niño de Guevara (siglo XVIII).

Capilla de La Encarnación

 

Aunque se pensó en honor de Santiago, se dedicó después al Misterio que da nombre a la Catedral

 

Es la capilla central de la girola. En su origen se proyectó para dedicarla al apóstol Santiago. Anteriormente se le llamó "capilla del obispo Manrique", puesto que allí se encuentran los restos del citado obispo, y también "capilla Dorada", debido a su decoración.

 

Ocupaba el frontal de la capilla un retablo del siglo XVI desmantelado dos siglos después para ubicar al actual y del que se desconocen sus características. El testero del lado de la Epístola albergó, en un principio, un tríptico de César Arbasía que representaba  la Anunciación y que hoy se encuentra en la capilla de San José.

 

Retablo de La Encarnación

 

En el siglo XVIII, el obispo Molina Lario remodeló completamente la capilla, preservando solamente el mausoleo del obispo Bernardo Manrique, con la intención de hacerse construir también en ella el suyo, cosa que se llevó acabo.

 

Para el nuevo retablo, se le encarga a la Real Academia de San Fernando de Madrid la realización  de un proyecto sobre cuyo autor existen varias hipótesis que otorgan la autoría bien a Ventura Rodríguez, bien a Juan de Villanueva.

 

Los materiales utilizados en su ejecución son ágata, bronce dorado y mármol blanco, verde y rojo. La dirección   correspondió a Antonio Ramos y José Martín de Aldehuela, que por entonces trabajaban en las obras de la Catedral, mientras que el escultor granadino Juan de Salazar fue el autor de las imágenes. El retablo, de estilo barroco clasicista, consta de tres calles, un cuerpo principal y un ático.

 

En el cuerpo principal destacan cuatro grandes columnas de fuste liso y capitel corintio que conforman las tres calles. La central, más amplia, contiene una  hornacina con el grupo escultórico de la Encarnación, de estilo clasicista, y sobre ellos se sitúa un gran sol en cuyo centro aparece el Espíritu Santo en forma de paloma.  En los laterales, entre cada par de columnas, se ubican los mártires patronos de la ciudad San Ciriaco y Santa Paula, que por sus expresiones están más cerca del estilo barroco.

 

Por encima de la cornisa que separa el cuerpo principal del ático se sitúan cuatro ángeles que portan objetos religiosos, mientras que otros dos aparecen encima de las figuras de Santos Patronos.

 

RETABLO DE LA ENCARNACIÓN

Los dos sepulcros

 

En el testero del lado del Evangelio se sitúa el sepulcro mural  del obispo Bernardo Manrique, del siglo XVI, de estilo renacentista, atribuido a Gregorio Bigarny y a Juan Bautista Vázquez. Aparece la figura del difunto de rodillas en posición orante y, tras él, sobre la lápida, un relieve con la escena de la Crucifixión. El enmarque original  se desconoce, ya que el actual se elaboraría en el siglo XVIII en correspondencia con el otro mausoleo de la capilla.

 

En el lado de la Epístola se construyó el otro sepulcro, el del obispo José Molina Lario  que, aunque del siglo XVIII, mantiene a grandes rasgos el diseño del anteriormente descrito, con el obispo arrodillado en posición orante, aunque en este caso el reclinatorio sobre el que se apoya en su mausoleo Bernardo Manrique, es sustituido en éste por la mitra episcopal. El relieve que se encuentra tras la imagen del difunto, contiene como tema iconográfico principal a la Virgen del Pilar y a Santiago. La autoría de este sepulcro se atribuye a Juan de Salazar, así como los relieves que se sitúan encima de los dos monumentos funerarios de madera pintada de blanco representando  La Visitación, en el de Bernardo Manrique, y La Adoración de los Pastores en el de Molina Lario.

Capilla de Santa Bárbara

 

El retablo de Santa Bárbara es de estilo gótico y  procede  de la Catedral Vieja

 

El elemento central de la capilla de Santa Bárbara lo constituye el retablo que le da el nombre a la misma. Es de estilo gótico y su obra es de madera dorada. Fue realizado en el siglo XVI por el escultor francés Nicolás Tiller, encargándose de la policromía Jacopo Lobeo y de las pinturas Francisco de Ledesma. Originalmente estuvo situado en la Catedral Vieja, trasladándose a su ubicación actual en el año 1592.

 

El retablo consta  de dos cuerpos y tres calles, banco y sotabanco, este último añadido tras las obras realizadas en el siglo XVIII para adaptar el retablo a las medidas del nuevo altar, estando decorado con pinturas de paisajes que se pueden fechar en la citada centuria.

 

En la calle central, presidiendo el conjunto, aparece la imagen de la Santa Bárbara, retallada sobre la original  de Nicolás Tiller en el siglo XVIII por Fernando Ortiz, debido al estado de deterioro en que se encontraba la primitiva imagen. Sobre ella se dispone un Calvario con el Crucificado, la Virgen y San Juan.

En cuanto a las dos calles laterales, en la derecha aparecen las esculturas de Santa Apolonia (cuerpo superior) y Santa Ana Triple (en el inferior), mientras que en la calle izquierda se ubican, siguiendo el mismo orden, respectivamente Santa Lucía y San Roque. En los guardapolvos dispuestos a ambos lados del retablo encontramos óleos sobre tabla, cuatro a cada lado, que representan de arriba a abajo y de izquierda a derecha  a La Virgen y el Arcángel Gabriel, San Francisco y Santo Domingo, San Cosme y San Damián, y  San Ciriaco y Santa Paula.

 

En el banco encontramos ocho pequeñas esculturas de los Evangelistas y los cuatro grandes Padres de la Iglesia  San Ambrosio, San Jerónimo, San Gregorio y San Agustín. Ocupando el centro del banco, aparece insertada en el lugar que corresponde al sagrario, una tabla con el óleo de la Misa de San Gregorio, obra de Fernando de Coca, procedente del desaparecido retablo del mismo nombre.

 

RETABLO DE SANTA BÁRBARA (siglo XVI)

Otras obras que se encuentran en esta capilla

 

Los laterales están ocupados por dos altares del siglo XVII que contienen respectivamente los lienzos  de La Asunción de la Virgen (lateral derecho) y la Ascensión (en el izquierdo) del pintor Juan Niño de Guevara, consideradas como dos de sus mejores obras. En el siglo XVIII estos dos altares se remodelaron  y  Juan Coronado realizó en cada uno de ellos una pintura marco con escenas de la vida de la Virgen y de Cristo.

 

También podemos contemplar la imagen de una Dolorosa de Antonio Gutiérrez de León (siglo XIX), con influencias en el estilo de Pedro de Mena.

Capilla de San Francisco

 

Parece ser que este espacio fue patrocinado por el Comendador de Málaga Juan de Torres, según licencia del obispo Blanco Salcedo en 1574. Que se llevara a cabo este patrocinio no está claro, pero lo que sí lo está es que la familia Torres tomó posesión de la misma, con la advocación a San Francisco y colocó allí dos mausoleos de familiares: el de Luis de Torres arzobispo de Salerno y el de Luis de Torres arzobispo de Montreal, sobrino del anterior.

 

Retablo de Santa Clara y San Francisco

 

El retablo original del siglo XVI, costeado por la obra de la Catedral, fue destruido en los sucesos de 1936. Tras la Guerra Civil, donado por la viuda de Larios, se instala el actual, que procedía del convento de las Clarisas de Plasencia, en madera dorada, de la escuela castellana con características herrerianas y  manieristas, que  puede datarse como de principios del siglo XVII.

 

Consta de tres calles en las que se distribuyen,  como es lógico si tenemos en cuenta su procedencia, santos relacionados con la orden de donde procede. Por eso aparece en la calle central, en el lugar preeminente, Santa Clara, mientras que San Francisco, a quien aquí está dedicada la capilla, ocupa una hornacina más moderna encajada entre el banco y el sotabanco. La escultura del Santo de Asís se atribuye a Fernando Ortiz (siglo XVIII). En las hornacinas de las calles laterales se ubican las imágenes de San Buenaventura, San Luis Obispo de Tolosa, San Bernardino de Siena y San Antonio de Padua.

 

El banco contiene los altorrelieves de Santa Coleta, Santa Inés de Bohemia, Santa Isabel de Portugal y Santa Rosa de Viterbo, flaqueadas por San Diego de Alcalá y San Pascual Bailón en los basamentos de las columnas. El sotabanco se decora con tableros que contienen pinturas vegetales.

 

Culmina el retablo en un ático, con un Calvario, flanqueado por dos escudos nobiliarios.

Sepulcros de los Torres

 

Junto al retablo, destacan en esta capilla los dos sepulcros de los Torres, ya referidos, pertenecientes a la importante familia en Málaga de los Córdoba/Torres.

 

En el lado de la Epístola de la capilla encontramos el de Luis de Torres I arzobispo de Salerno, cuya figura reclinada de bronce se atribuye a Guglielmo della Porta (siglo XVI), mientras que la urna y el pedestal a base de mármoles polícromos son obra de Antonio Dossio , también del siglo XVI. En el testero, sobre el túmulo, se cuelga un cuadro del Bautismo de Cristo, obra italiana del mismo siglo.

 

En el lado opuesto se ubica el sepulcro de Luis de Torres II arzobispo de Montreal, realizado en mármol blanco por talleres italianos del siglo XVI. Encima, encontramos un cuadro con la imagen de Santo Domingo de Silos, anónimo malagueño del citado siglo.

 

La estructura de ambos monumentos funerarios, muy al gusto italiano de la época, es similar: son sepulcros parietales, que se componen de  basamentos con los epitafios y escudos de armas,encima  las urnas funerarias y, sobre éstas, las figuras de los difuntos, recostados y meditando, apoyando la cabeza sobre una de sus su manos (el arzobispo de Montreal, sobre la derecha y en arzobispo de Salerno sobre la izquierda).

Antesacristía menor

 

También se conoce este espacio como Capilla de La Virgen de Los Reyes, por encontrarse en el muro lateral izquierdo el altar de la mencionada Virgen.

 

La Virgen de los Reyes

 

Fue donada, según la tradición, por la reina Isabel la Católica a raíz de la toma de la ciudad en el año 1487, y su primitiva ubicación fue el altar mayor de la mezquita-catedral. Con posterioridad pasó a la Iglesia Nueva. En el siglo XVI fue colocada en la sacristía menor. El retablo en el que se encuentra es una réplica del que trazara Niño de Guevara y tallara Pedro de Mena en el siglo XVII.

 

La Virgen, que ha sufrido varias restauraciones (siglos XVII, XIX y XX), parece ser de origen gótico borgoñón de finales del siglo XV. Está situada sobre una peana barroca del siglo XVII y a ambos lados se sitúan las dos estatuas de los Reyes Católicos, obras de Pedro de Mena, en posición orante y de perfil, adoptando un esquema triangular en el cual la cabeza de la Virgen ocupa el vértice superior

En el lugar donde debía situarse el sagrario del altar, existe una urna con la cabeza policromada del que se conoce como Cristo de Orán (siglo XVII), rescatada por los monjes mercedarios y colocada en este lugar en 1708.

 

ALTAR DE LA VIRGEN DE LOS REYES

El resto del espacio se encuentra adornado por otras obras de arte que son dignas de mención

 

Destaca en primer lugar el enorme lienzo de La decapitación de San Pablo, obra de Enrique Simonet y Lombardo, gran pintor español del siglo XIX muy vinculado a Málaga. La obra que nos ocupa, de estilo ecléctico, la realizó en su primera estancia en Roma. Es un estudio de Academia con el que concurrió a la Exposición Nacional de Madrid de 1887, consiguiendo un certificado de honor cuando el pintor contaba veintiún años.

 

Otros cuadros importantes son: La Virgen con el Niño y San José con el Niño del  taller de Murillo; San Ciriaco,   anónimo malagueño del siglo XVI; Inmaculada de Alonso de Arco, del siglo XVII; Santa Paula, otro anónimo malagueño del siglo XVI; Desposorios místicos de Santa Catalina, de la escuela española del siglo XVII; Descendimiento, de Cornelio de Vos, del siglo XVII; y Santa Cecilia, de la escuela italiana del siglo XVI.

 

Tramo sur del Crucero

 

El altar de San Miguel

 

Se construyó en el siglo XVIII cuando, a raíz  de las obras de remodelación que se realizaron en la capilla de la Encarnación, se quitó de ella el lienzo de  San Miguel, de Juan Niño de Guevara (siglo XVII). Ya que existían otros  altares dedicados a los arcángeles San Gabriel y San Rafael, se aprovechó la situación para dedicarle uno a San Miguel  ubicándolo en el mencionado tramo sur. Se encargó de su elaboración Miguel Muriel, que lo realizó en madera pintada simulando piedra, donde se instalaron el cuadro de Niño de Guevara y bajo él tres cuadros más pequeños: un San Pedro del siglo XVII, la Virgen del Regalo, copia de Simón Vouet,  y  San Antonio, atribuido al  mencionado Muriel. En el lienzo principal, Niño de Guevara sigue mostrándonos las influencias de Manrique y Cano.

 

Retablo de San Ramón Nonato

 

Frente al altar de San Miguel, en el año 1942, se realizó un retablo neogótico dedicado a San Miguel Nonato, cuya imagen pertenece al escultor Francisco Pinto (siglo XX).

Capilla de la Inmaculada Concepción

 

El retablo actual de esta capilla donde se encuentra el lienzo de la Inmaculada es de madera sin policromar, de estilo barroco, aunque de reconstrucción moderna, pues el original se perdió en 1936.

 

El lienzo de la Inmaculada

 

La imagen titular se atribuye al pintor Claudio Coello, aunque anteriormente se otorgaba su autoría a Mateo Cerezo, ambos pintores barrocos del siglo XVII. El caso es que en este cuadro podemos encontrar varias influencias: de Alonso Cano en la dulzura del rostro, en la posición de la cabeza y manos y en la disposición de los angelitos que le sirven de apoyo; de Cerezo en su técnica; mientras que la  tipología femenina nos encuadra esta Inmaculada entre las de Coello, muy en concordancia con las de Rubens.

 

Otros cuadros de la capilla

 

En los testeros laterales se encuentran dos cuadros  alegóricos de las Virtudes: en el de la izquierda, La Esperanza, y en el de  la derecha La Templanza. Estos cuadros del siglo XVII pertenecen a una serie atribuida

a Miguel Manrique, en la que el pintor se inspira en algunos detalles y personajes de Rubens para incorporarlos a sus obras. Otra obra digna de mención es el cuadro de la Virgen con el Niño y San Juanito, cuya realización parece vinculada a taller de Alonso Cano (siglo XVII).

Capilla de la Virgen del Rosario

 

Toma este nombre en 1779, cuando el lienzo de   La Virgen del Rosario se traslada desde la sacristía, donde se encontraba provisionalmente, hasta esta capilla.

 

El cuadro de la Virgen del Rosario

 

El cuadro de estilo barroco, obra de Alonso Cano (siglo XVII), es una de las mejores obras que posee la Catedral. El pintor crea dos planos diferentes:  el superior nos presenta en un esquema piramidal a  la Virgen con el Niño y angelitos rubios, cuatro de los cuales ofrecen objetos a los del  grupo del plano inferior formado por Santo Domingo que posa su brazo en el hombro de San Francisco, ambos receptores  del  rosario, flanqueados por Santa Teresa, que recibe una pluma de ganso como doctora de la Iglesia y San Ildefonso, que recibe el báculo, mientras que Santo Tomás recibe otra pluma y Santa Catalina  la corona de espinas. En cuanto al significado de la obra puede ser doble: por una parte, el Rosario como instrumento de salvación y, por otra, la Virgen intercesora, la Virgen de la Peste, que alivia las calamidades que azotan a la Humanidad (recordemos que Málaga sufrió graves epidemias en la primera mitad del  siglo  XVII);  una

tercera interpretación del cuadro respondería a la doctrina defensora del dogma de la gracia inmaculada de la Virgen.

 

Los altares de la Virgen de Belén y de San Luis Obispo de Tolosa

 

Los muros laterales de la capilla albergan dos altares: En el altar del Evangelio de la capilla, un retablo moderno acoge a la Virgen de Belén, copia de la destruida de Pedro de Mena  que se hallaba en la iglesia de Santo Domingo. Su autor, según consta en el Inventario Artístico de Málaga y su Provincia (1985), fue el escultor  Adrián Risueño (siglo XX). Frente al anterior altar encontramos el de San Luis Obispo, cuya imagen fue realizada por Jerónimo Gómez de Hermosilla (siglo XVII). Esta imagen formaba parte del antiguo tabernáculo de la Catedral desmontado en el siglo XVIII.

 

Otras obras

 

De las dos urnas que flanquean el retablo-marco central, la de la izquierda contiene una pequeña escultura de San Blas Obispo, obra de Fernando Ortiz (siglo XVIII).

 

Además en esta capilla están colgados los siguientes cuadros: La Virgen con el Niño, de algún seguidor de Murillo (siglo XVII); San Juanito, copia de Alonso Cano, y La Aparición de la Virgen del Rosario a Santo Tomás y Santo Domingo, anónimo andaluz del siglo XVII.

Capilla del Sagrado Corazón

 

Esta capilla era la puerta de acceso a la calle Postigo de los Abades y en un principio no se adornó. En 1885 se colocó una imagen del Sagrado Corazón donada por el obispo Manuel Gómez de Salazar y, a partir de entonces tomó este nombre la capilla. Junto a la escultura, se depositaba también el Monumento al Santísimo del jueves Santo. La primera imagen fue sustituida por otra que donó la Sra. Ventura Terrado, viuda de Enrique Sandoval Manescau.

 

El retablo

 

Tras la Guerra Civil se incorporó el actual retablo que procedía de la iglesia en ruinas de San Pelayo, de Becerril de Campos (Palencia). Dedicado a San Pelayo en su primitiva ubicación, es de  arquitectura lignaria barroca de estilo castellano, dorado y  con columnas salomónicas, que nos acerca al barroco churrigueresco del siglo XVIII. Consta de tres calles, banco y dos cuerpos, el segundo culmina en arco de medio punto.

En el retablo se encajan once pinturas sobre tabla del siglo XVI, en las que se narra el martirio y muerte de San Pelayo (calles laterales) junto con otras que representan a Santa Águeda y Santa Catalina (en el

banco del retablo ) y La Virgen con el Niño y San Juanito (calle central del primer piso). La secuencia del martirio de San Pelayo no sigue un orden coherente. La hornacina central contiene una nueva imagen del Sagrado Corazón que sustituyó a la anterior y que es obra del malagueño Francisco Palma Burgos (1940). El Sagrario es una obra anónima renacentista del siglo XVI.

 

¿Quién fue San Pelayo?

 

Era sobrino de Hermogio, obispo de Tuy. Ambos fueron capturados en la batalla de Valdejunquera (920) por Abderramán III y conducidos prisioneros a Córdoba, donde Pelayo quedó como rehén, mientras que el obispo fue liberado. Tras la negativa de convertirse al islamismo y de consentir relaciones libidinosas con el califa, fue azotado, crucificado, despedazado y sus restos fueron arrojados al Guadalquivir, de donde fueron recogidos por los cristianos de Córdoba (925).

 

Capilla de los Caídos

 

Hasta finales del siglo XIX no se consideró como capilla, limitándose su uso a vestuario de los canónigos y entrada a la sala capitular. La Capilla Nueva, nombre con que se le conoció en un principio, constaba de un retablo en el que se colocaron un Crucificado, una Dolorosa y un San José.

 

Retablo de los Caídos

 

Después de la Guerra Civil, fueron sepultados en la capilla  personas que murieron en la contienda, de ahí el nuevo nombre con el que se conoce. En 1945 se modificó, y el escultor granadino José Navas Parejo realizó el retablo actual, de estilo neoherreriano, que alberga en su hornacina principal las esculturas de un Crucificado de Alonso de Mena en madera policromada y, a sus pies, una Dolorosa de medio cuerpo, también de madera policromada, obra de Pedro de Mena, hijo del anterior (siglo XVII).  En las cuatro hornacinas adyacentes están situados los cuatro Evangelistas con sus respectivos símbolos, en madera sin policromar de Francisco Pinto Barraquero (siglo XX). En el ático, se aprecia una alegoría de la Fe.

 

Muros laterales de la capilla

Existen dos lienzos que se refieren a la Alegoría de las Virtudes, atribuidas a Miguel Manrique (siglo XVII), en este caso se representan La Caridad y La Justicia.

Trascoro y laterales

 

En la parte externa del coro se abren siete hornacinas en las que se ubican sendos altares: tres de ellos frente al interior de la fachada principal; y los restantes, dos en la nave de la Epístola y otos dos en la del Evangelio.

 

La Piedad, San Juan y Santa María Magdalena

 

Estos tres altares son los que están situados frente al interior de la fachada principal. El grupo escultórico de La Piedad fue realizado por los   hermanos italianos Pedro y Juan Pissani, en mármol de Carrara,  a principios del siglo XIX y ejecutado dentro de un estricto estilo neoclásico. Esta obra está inspirada, en cuanto a su disposición, en la Virgen de las Angustias del aragonés Juan Adán, aunque la de este último, a caballo entre el barroco y el neoclasicismo, es más patética y realista que la que admiramos en esta Catedral.

 

Flanqueando este altar, encontramos los de San Juan Evangelista y Santa María Magdalena, también de comienzos del siglo XIX, obras en madera pintada imitando mármol, de Salvador Gutiérrez de León. En ambas figuras el escultor malagueño utiliza un estilo ecléctico, al mezclar características de las esculturas clásicas romanas, con el patetismo en los gestos típicos de la imaginería barroca.

 

Entre las tres hornacinas de este testero, a ambos lados del altar de la Piedad y sobre las puertas que dan acceso al coro se ubican dos cuadros del taller de Zurbarán que reproducen los originales de los cartujos San Hugo de Lincoln y San Artaldo de Belley. Frente a este testero, en el interior de la fachada principal y sobre la puerta central de la Basílica destaca sobre otras  obras pictóricas el enorme óleo ovalado (8 por 5 metros) que representa la Exaltación de San Francisco Caracciolo, de estilo barroco y perteneciente a la escuela italiana de mediados siglo XVIII.

 

Los cuatro altares laterales

 

En estos grupos escultóricos, también de Salvador Gutiérrez de León y de la misma época que los anteriores, se observa un estilo más barroco.

 

En el lado exterior del coro correspondiente a la nave de la Epístola encontramos los altares de Santo Toribio de Liébana y  de  San Juan de Sahagún. Al primero se le representa agarrando con su puño la parte del roquete (vestidura eclesiástica) donde había depositado previamente unas ascuas, sin que se quemara ni el santo ni la vestimenta. Pero, según Miguel Bolea, este milagro no corresponde al de Liébana, sino a Santo Toribio de Astorga, al tiempo que afirma que en la época que se hizo la escultura era muy frecuente el confundirlos. En cuanto a San Juan de Sahagún, narra el momento en que unos asesinos contratados  para matar al santo quedan paralizados ante su presencia, postrándose a sus pies y pidiéndole perdón.

 

En el lateral opuesto (nave del Evangelio), se sitúan los altares de Santo Toribio de Mogrovejo y el de Santo Tomás de Villanueva. Santo Toribio de Mogrovejo, arzobispo de Lima, está representado en el momento de curar a un indígena americano atacado por la peste. En cuanto al altar contiguo, Santo Tomás de Villanueva da limosna a un mendigo.

Capilla de San Sebastián

 

Hasta el siglo XIX no se acondicionó para el culto

 

Este espacio no estuvo acondicionado tal como hoy lo conocemos hasta 1940. A finales del siglo XIX se abrió al culto, pero ofreciendo un aspecto distinto al actual. Durante los siglos anteriores, como le ocurriera a la capilla de  los Caídos, se utilizó como  vestuario al tiempo que servía de acceso para la subida a la torre.

 

El retablo de San Sebastián

 

Es tras la Guerra Civil  cuando la capilla se reestructura. Para ello el escultor granadino José Navas Parejo realizó el retablo  que adorna la capilla en la actualidad, en madera dorada y policromada de estilo neobarroco.

 

Su única hornacina, flanqueada por columnas pareadas compuestas, alberga la imagen barroca en madera policromada de  San Sebastián (siglo XVII), atribuida a Jerónimo Gómez de Hermosilla, escultor malagueño discípulo de José Micael Alfaro y restaurada por el ya mencionado Navas Parejo.

Altar del Cristo del Perdón

 

Ocupa el testero lateral de la capilla y, como el retablo principal, fue colocado en 1940. La  talla del Cristo, en madera policromada, se atribuye al taller de Pedro de Mena (siglo XVII) y, a sus pies se encuentra una Dolorosa de Fernando Ortiz (siglo XVIII).

 

Cuadros que se encuentran en la Capilla

 

A ambos lados del retablo del San Sebastián cuelgan dos cuadros: El Salvador, un rostro de Cristo en el que se refleja  la humanidad de Jesús y cuya autoría se atribuye al taller de Valdés Leal (siglo XVII); y un San Juanito, anónimo del siglo XVIII de influencia murillesca.

 

En el muro situado frente al altar del Cristo del Perdón encontramos un lienzo de la Asunción, anónimo napolitano del siglo XVII.

Acceso al Patio de los Naranjos

 

Este acceso se corresponde con la puerta lateral  que da al Patio común entre la Catedral y la la iglesia del Sagrario.

 

Los altares de San Nicolás de Bari y de

Nuestra Señora del Carmen

 

En la actualidad se adorna con dos altares:

 

El de San Nicolás de Bari, que se decora con un cuadro anónimo de principios del siglo XVII, representando a San Nicolás en actitud de bendecir.

 

En el testero de enfrente encontramos el altar de la Virgen del Carmen. Este sustituye a uno anterior donde se situaba un cuadro  en el que se representaba al Cristo de la Buena Muerte, de escaso valor artístico. Durante el tiempo que el Cristo se situó en este altar, se conoció esta zona como la Capilla del Cristo de la Buena Muerte. El lienzo fue sustituido por el que actualmente preside el vano: Nuestra Señora del Carmen, obra realizada por Rafaela Roose en el siglo XIX. Está inspirado en obras barrocas donde se exponen dos niveles paralelos, el celestial y el terrenal, como ocurre en el cuadro de la Virgen del Rosario de Alonso Cano que ya hemos comentado.

 

Otras obras

 

Flanqueando la puerta de acceso al patio tenemos dos cuadros: La Virgen con el Niño, copia del siglo XIX de un Ribera; y Santa Lucía, de Rafaela Roose (siglo XIX), de características academicistas pero con inspiración  del estilo de Murillo.

 

Las andas del Corpus

 

En los momentos en que elaboro la página y sus fotografías, aparece en este espacio, tal como se puede apreciar en la ilustración anterior, las andas en que se procesiona la Custodia en la festividad del Corpus Christi. Ignoro el motivo de esta ubicación, al igual que el tiempo que va a estar en este lugar. No obstante, me parece una buena oportunidad para informar muy someramente sobre las características de esta obra.

 

Se trata de un templete realizado en plata por el Taller de Arte de Granada, entre 1957 y 1965, que se puede encajar dentro de la corriente historicista. Es de planta cuadrada, con arcos de medio punto en los frentes y dobles columnas en las esquinas de orden corintio. El entablamento es liso con jarrones en las esquinas y cúpula semicircular rematada por la figura de la Virtud de la Fe. (Estos datos ha sido obtenidos del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía http://www.iaph.es/patrimonio-mueble-andalucia/resumen.do?id=87903).

Capilla de San Rafael

 

Fue la primera capilla que se adornó tras la finalización de las obras del templo, cuando se unieron la obra del siglo XVI con la del XVIII.

 

El retablo de San Rafael

 

El primitivo retablo lo realizó Fernando Ortiz, en madera policromada, con adornos dorados e  imitación de piedra. Consta de un cuerpo central y ático. En el cuerpo aparecen tres hornacinas a modo de calles, más ancha la central, separadas por columnas corintias, en las que se ubican San Rafael y, a sus lados, los dos Tobías. El ático consta de un medallón, sostenido por dos ángeles trompeteros, con San Rafael y Tobías, otros dos ángeles sentados en las esquinas y todo ello rematado por la alegoría de la Caridad.

 

El retablo fue reconstruido tras los daños recibidos en 1936, quedando del original solamente una parte del ático. El nuevo, realizado por el tallista Miguel Sánchez Ruiz y el pintor Luis Ramos Rosa, reproduce con exactitud el anterior gracias a la existencia de un documento fotográfico. La imagen de San Rafael que actualmente lo preside es una obra anónima del siglo XVIII.

 

Otros elementos de la capilla

 

En los testeros laterales se cuelgan dos cuadros. A la izquierda, La Anunciación de Juan Niño de Guevara obra barroca del siglo XVII con alguna influencia de Alonso Cano. Debajo, se encuentra el sepulcro del cardenal y obispo de Málaga Ángel Herrera Oria. En el testero opuesto, tenemos la Aparición de la Virgen a San Francisco de Asís, que los especialistas lo encuadran en la escuela madrileña de la segunda mitad del siglo XVII.

Capilla de San José

 

La capilla se puso en uso como tal en el siglo XVIII, pues con anterioridad servía para acceder a la sala capitular y al jardín del Sagrario.

 

Altar de San José

 

La advocación a San José es bastante tardía, pues data del siglo XX, cuando presidirá el altar restaurado en este siglo una talla barroca de San José realizada en madera dorada y policromada por Fernando Ortiz (siglo XVIII), mientras que el Niño que sostiene en su mano es obra posterior de Miguel García Navas (siglo XX). Tras él se instaló el tríptico de Arbasía.  (Tengo que advertir que en el momento de realizar las fotos y de escribir esta página, en Diciembre de 2016, la imagen titular de este altar no se encontraba en su ubicación).

 

El Tríptico de la Anunciación estaba destinado en principio para adornar la capilla mortuoria del obispo Bernardo Manrique. En el siglo XVIII pasó de la capilla de la Encarnación a la de los Caídos, mientras que las tablas de cerramiento iban a la del Pilar. Finalmente, en  1961, se recompuso en su ubicación actual.

El retablo es, como se ha indicado más arriba, obra del pintor manierista César Arbasia, (siglo XVI). La tabla central representa el tema principal: La Anunciación, mientras que las laterales contienen la Visitación y La Adoración de los Reyes. En las contraportadas se ubican las pinturas de San Pedro y San Pablo. La presentación y disposición  de las escenas del tríptico nos recuerda las composiciones renacentistas italianas, con algunas influencias de Miguel Ángel en el tratamiento de los paños. No obstante, se aprecia cierto acercamiento al nuevo estilo que supondrá el barroco. como se puede observar en las columnas salomónicas del baldaquino que aparece en la escena de la Adoración de los Reyes.

 

También contiene la capilla las siguientes obras

 

En el testero frontal se encuentra un cuadro que representa La Alegoría de la Fortaleza, correspondiente a la serie de las Alegorías de las Virtudes, atribuida al pintor Miguel Manrique (siglo XVII), donde se aprecia la influencia de Rubens. Otras obras pertenecientes a esta serie ya se han citado anteriormente en las capillas en que se encuentran.

 

Sobre la obra anterior, se cuelga un cuadro del Martirio de San Sebastián, siguiendo el modelo de Rubens, cuyo autor es Alonso Zamora (siglo XVII).

 

Cabe destacar una Anunciación (siglo XVI), también influenciada por el manierismo italiano, pero el paisaje del fondo, con las ruinas de una fortaleza al pie de una bahía que nos recuerda al de la ciudad malagueña, nos indica que pudo ser obra de un autor local influenciado por la pintura del italiano Arbasia.

 

En el mismo testero tenemos otros cuadros entre los que mencionaremos: una tercera Anunciación, que se puede asociar con la escuela flamenca del siglo XVI; y la Adoración de los pastores, también de la escuela flamenca, pero del siglo XVII.