Historia y Arte de Málaga

 

HISTORIA DE LA CIUDAD

 

LAS INUNDACIONES DE 1661, 1907 Y 1989 EN LA CIUDAD DE MÁLAGA

Juan V. Navarro Valls

La inundación

 

La riada se produjo sin que lloviera en la capital

 

Según un despacho telegráfico cursado por el gobernador civil de Málaga al Sr. La Cierva, ministro de la Gorbernación, fechado a las seis de la mañana del día 24 de septiembre, el río Guadalmedina se desbordó entre la una y las dos de la madrugada, inundando los barrios del Perchel, Trinidad y Capuchinos, así como la calle Larios y demás barrios céntricos. Al parecer, en la ciudad no había llovido, sino que la descomunal tormenta se produjo en el valle del Guadalmedina, formando parte del gran temporal que desde un día antes estaba azotando parte del Levante español y Andalucía. Es curiosa la coincidencia de la proximidad de fecha con la inundación sufrida el 22 de septiembre 1661, teniendo como eje el día de San Lino (23 de septiembre).

 

La ciudad quedó incomunicada por las vías terrestres y ferroviaria

 

Málaga quedó incomunicada, tanto por las vías terrestres como por ferrocarril, ya que el enorme temporal afectó también a otros puntos de la provincia, sobre todo, al valle del Guadalhorce, cuyo río provocó importantes inundaciones el día anterior. La línea telegráfica también se vio interrumpida durante gran parte del día 24, reanudándose ya entrada la noche. El gobernador durante la jornada estuvo visitando a caballo junto con el coronel de la Guardia Civil los barrios inundados, y cuando se restableció el telégrafo envió un segundo despacho a Madrid, donde aportaba más detalles al ministro sobre los destrozos de la riada ("riá" como decimos los malagueños, término que ha generado expresiones como "esto es del año de la riá", para referirnos a algo muy antiguo o viejo).

 

Una primera evaluación el mismo día de la catástrofe

 

El mencionado informe describía el estado en que se encontraban los barrios inundados:  las casas, muchas de ellas derruidas y la mayoría afectadas; los muebles y los objetos inservibles; las puertas arrancadas; y las calles y pisos bajos obstruidos por todo lo que el agua arrastraba, como se iba comprobando a medida  que el nivel de la misma bajaba. Entrada la noche del día 24 se habían recogido 16 cadáveres, cifra que, desgraciadamente y con fundado pesimismo, se temía que aumentara a medida que la altura de las aguas, que según palabras del gobernador civil había llegado "al pecho de los caballos", disminuyera y aparecieran entre el lodo y los escombros nuevos cuerpos, así como aquellos que el río hubiera arrastrado hasta su desembocadura.

 

De los  puentes que enlazaban ambas orillas del río en la capital, solo quedó en pie el Puente de Tetuán, habiendo sido arrastrados el de La Aurora y el de Santo Domingo. También derribaron las aguas el puente del ferrocarril cercano a la desembocadura del Guadalmedina. Igualmente resultaron dañadas partes del muro del cauce.

 

Muchos comercios de las calles céntricas de la ciudad quedaron destrozados, sobre todo los de calle Nueva. En la iglesia de la Aurora el agua arrancó y arrastró puertas y altares, subiendo el nivel más de dos metros. También recibieron grandes daños las parroquias de San Pablo y Santo Domingo, perdiendo esta última su archivo.

 

Otros graves problemas caían sobre la capital: de un lado, parte del sifón y una de las dos cañerías, que procedentes de Torremolinos abastecían de agua potable a Málaga, se habían destruido; también el acueducto de San Telmo, el otro abastecedor de agua de la capital, había sufrido desperfectos; además, ni la Fábrica de gas ni la Compañía Alemana de Electricidad pudieron suministrar a la ciudad luz la noche del 24.

 

Las familias de las zonas más afectadas se dirigieron el mismo día de la catástrofe al Gobierno Civil  en busca de socorro por haberse quedado sin hogar y sin pan. En reunión urgente, la institución mencionada convocó a las entidades sociales y a los mayores contribuyentes para ayudar a los damnificados. Al respecto, el diputado por Málaga José Álvarez repartió limosnas y mil raciones de comida, según el Diario ABC del 25 de septiembre.

 

Crónica telegráfica enviada el día 25 al diario ABC

 

Fechada el día 25 a las 9 de la mañana, el diario ABC  publica el 26 una crónica telegráfica enviada desde Málaga. En ella se resume con más exactitud la situación:

 

Las líneas férreas estaban cortadas y, por tanto, el tráfico de trenes interrumpido. Lo mismo ocurría con las carreteras de Loja y Antequera, con lo que la correspondencia habría de enviarse por mar a Algeciras o Almería para desde esos puntos expedirla a sus destinos, contratándose vapores para dicho fin. (En el ABC del 30 de septiembre, se recoge, para colmo de males, que el vapor James Haynes que cubría el correo por Algeciras, sufrió una avería con lo cual quedó interrumpido el tráfico postal derivado por esa zona).

 

Las fábricas de luz eléctrica no funcionaban y el telégrafo, aunque se restableció el día 24 por la noche, no lo hacía con normalidad y, por lo tanto, se producían grandes retrasos.

 

Todo estaba cerrado (bancos, comercio, oficinas...). La inundación alcanzó también las redacciones y las imprentas de los periódicos locales La Unión Mercantil, El Popular y El Cronista, que se vieron obligados a interrumpir temporalmente sus publicaciones, (de ahí que estas noticias estén tomadas del diario ABC).

 

Las calles estaban intransitables a causa del barro. Había gran cantidad de cadáveres de animales insepultos, con lo que se corría el peligro de que se originaran focos de infección.  El Gobernador Militar envió  200 soldados para ayudar a los obreros municipales en la limpieza.

 

El número de ahogados en la ciudad seguía aumentando, estimándose en esa fecha y hora del día 25 en unas 20 personas, la mayoría de la Trinidad y el Perchel.

En los días sucesivos se van conociendo más detalles

 

Aunque el alcalde había ordenado que todos los carros faeneros se pusieran a disposición del Ayuntamiento (pagando 7,50 pesetas por cada uno) para su empleo en la limpieza de la ciudad, a fecha de 29 de septiembre aún quedaban por limpiar muchas calles (Camas, Especerías, Calderón de la Barca, Carretería ...), y el barro amontonado en ellas "producía un hedor insoportable". Es obvio pensar que si esto ocurría en el centro, el problema sería aún más grave en los barrios del Perchel y Trinidad.

La limpieza se veía obstaculizada por la persistencia de las lluvias y porque las familias de las casas inundadas arrojaban a la calle el barro acumulado en el interior. En algunas zonas el cieno pestilente llegó a alcanzar los dos metros de altura. Para subsanar el problema de los olores se regaron las calles afectadas con cloruro de cal, aunque este remedio no fue del todo suficiente.

 

Toma fuerza la preocupación por el peligro a infecciones y epidemias

 

El diario La Unión Mercantil, ante la lentitud del saneamiento, repartió por toda la ciudad una hoja suelta bajo el título ¡Malagueños, a defenderse!, (comentada en el ABC del día 30) en la que se insta a la ciudadanía en general y a las autoridades en particular para que se muestren más eficaces en la limpieza de las calles ante el inminente peligro de infecciones y epidemias, tachando de "crimen lo que está pasando" y concienciando al vecindario del problema con estas palabras: "No nos resignemos a  morir, siguiendo el tradicional y lamentable abandono, y pidamos, es nuestro derecho, que sin dilaciones sea Málaga saneada. Tenemos el deber de exigirlo en nombre de la salud pública, suprema ley del pueblo".

 

A los nueve días de la inundación el Ayuntamiento fue sustituido por la Jefatura de Obras Públicas del Estado en la tarea de la limpieza del barro, ya endurecido y en putrefacción, mediante contratas de personal. Pero este cambio de responsabilidades no mejoró la situación debido, al parecer, a la mala organización del trabajo de las brigadas de limpieza, cuyo ritmo era "desesperante, con trazas de no acabar nunca" (periódico El Popular, suplemento extraordinario del 4 de octubre).

 

Resumen de los daños humanos y materiales de la catástrofe

 

Aunque en el apartado anterior se han ido refiriendo gran parte de los daños ocasionados por la inundación, los resumimos aquí a modo de conclusión:

 

  • Poco a poco la prensa se fue haciendo eco de la aparición de cadáveres,  la mayoría encontrados entre el fango, alcanzando la cifra de 30 ahogados en la capital, dato que coincide con la cantidad que  aporta el profesor Juan A. Lacomba en la Historia de Málaga, tomo II. No obstante, el número de personas que perecieron no es el mismo en todos los estudios del tema, por ejemplo, el I Cuaderno del Guadalmedina, establece en 21 los muertos en la inundación.

 

  • Se contaron por centenares las familias sumidas en la miseria.

 

  • Se necesitaron dos meses para la limpieza total de la ciudad, y valga como dato curioso que en la calle Castelar, actual calle Martínez, el trigo y la cebada que arrastraron las aguas y se depositaron en el barro "empezaron a verdear" (diario ABC del 5 de octubre).

 

  • Los ingenieros establecieron en 100.000 metros cúbicos el fango amontonado en las calles y se estimaron los gastos de limpieza en 20.000 duros.

 

  • Tres puentes y varios tramos de los muros de encauzamiento del río resultaron destruidos.

 

  • Muchas casas derribadas y muchas más dañadas, sobre todo en los barrios del Perchel y La Trinidad.

 

  • Templos y conventos afectados.

 

  • Los daños materiales se evaluaron en 5.500.000 pesetas.

 

GALERÍA DE FOTOS DE LA RIADA

Construcción de puentes tras el desastre.

Puente de Santo Domingo o de los Alemanes

 

Llamado el "Puente de los Alemanes" porque fueron estos los que sufragaron su construcción, en agradecimiento al socorro y a la hospitalidad de los malagueños, que el 16 de noviembre de 1900 socorrieron  a los tripulantes de la fragata de la Armada alemana Gneisenau que naufragó a causa de un fuerte temporal de levante cuando estaba fondeada fuera del puerto de Málaga. Este acto desinteresado  y  solidario de  los malagueños,

que costó la vida a doce de ellos (la exactitud de la cifra no es cien por cien segura),  le valió a la ciudad el título de "Muy hospitalaria" que forma parte de su escudo. En 1907, tras la inundación, la colonia alemana en Málaga inicia una suscripción a la que se unen  los centros oficiales germanos e, incluso, el Kaiser Guillermo II  para recaudar fondos con los que se construyó el mencionado puente, que fue inaugurado el 11 de diciembre de 1909. De nuevo, en 1984 el Gobierno alemán llevó a cabo la restauración del mismo.

Puente de Hierro del ferrocarril

 

Derribado por la riada el anterior puente del ferrocarril, la Compañía de Ferrocarriles Suburbanos de Málaga se hizo cargo de su construcción para la segunda línea que puso en funcionamiento cuyo trayecto era Málaga - Coín.

 

El puente se inauguró en el año 1913 y se utilizó, tanto por la compañía de ferrocarril, como por las industrias ubicadas en la costa oeste de la ciudad para enlazar el transporte de mercancías con el  puerto.

Puente de Armiñán

 

Su nombre se debe al Director de Obras Hidráulicas Luis de Armiñán que se esforzó en que este puente se hiciese realidad. Lo realizó el ingeniero  Manuel Giménez Lombardo, que  también proyectó otras obras en Málaga.

 

Se inauguró en 1913, poniéndose así en contacto la zona de la Goleta con Martiricos y el Hospital Civil. Fue el primer puente malagueño realizado en  hormigón armado.

Puente de Tetuán

 

El antiguo puente se construyó en 1860, días después de la victoria española en la batalla de Tetuán, con lo que se ganaba dicha ciudad y se garantizaba la seguridad de Ceuta y  Melilla, de ahí el nombre del puente.

 

Aunque no fue arrasado por la inundación de 1907, sí que sufrió desperfectos, por lo que se reparó y amplió según el proyecto  del ingeniero Eduardo Franquelo Carrasco, entrando de nuevo en  funcionamiento el 1 de mayo de 1916.

 

En 1971 se derribó parte de él para construir uno más amplio que comunicase mejor la zona centro con la Prolongación de la Alameda (Avenida de Andalucía). A partir de 2016 se han ido demoliendo las pilas y estribos del tablero norte para construir el túnel del metro bajo el lecho del Guadalmedina.

Puente de la Aurora o de Alfonso XIII

 

Vino a sustituir al de madera que fue arrastrado por las aguas. El ingeniero Manuel Giménez Lombardo presentó dos proyectos en el año 1921, aceptándose uno de ellos.

 

El rey Alfonso XIII puso la primera piedra ese mismo año, aunque el puente no estuvo concluido hasta 1930, en que se realizaron las pruebas de resistencia, en las que aparece como ingeniero José Roibal, y no el autor y director de la obra Manuel Giménez.

Proyectos para prevenir nuevas inundaciones del Guadalmedina

 

Desde el siglo XVI han sido muchos los proyectos para evitar las continuas inundaciones del río: desviar el cauce, embovedarlo, trasvasarlo a otros arroyos, repoblación vegetal del valle, etc.

 

No vamos a detenernos en todos esos estudios y proyectos que por unas u otras razones se frustraron en los cuatro siglos anteriores a la fecha que ahora nos ocupa. Por lo tanto, nos ceñiremos a las medidas adoptadas a raíz de la inundación de 1907.

 

Reconstrucción de los muros y construcción de la Presa del Agujero

 

En 1911 se reconstruyen los deteriorados muros de encauzamiento, regularizando así la anchura del río a su paso por la ciudad.

 

También se inicia la construcción de la presa del Agujero, proyectada por el ingeniero Manuel Giménez Lombardo en 1908. Su construcción se concluyó en 1917. La presa es de fábrica de hormigón, con los paramentos recubiertos de sillería, tipo gravedad, de 44 m. de altura. La sección de su amplio desagüe, permanente abierto, era la encargada de limitar el vertido al cauce. Además se dispusieron cuatro conductos de fondo, con compuertas, que atraviesan el cuerpo de la presa. A embalse lleno, el túnel tenía una capacidad de 360 m3/seg. y los desagües 60 m3/seg. cada uno.

PRESA DEL AGUJERO

 

Ni la presa ni la repoblación forestal llevada acabo en el año 1929 fueron consideradas suficientes para descartar la amenaza de  inundaciones

 

Las crecidas y las amenazas de riadas siguieron en años sucesivos por lo que en  1929 se decide una repoblación forestal de 5.000 Has. aproximadamente. Pero nuevos estudios hidrológicos ponen de manifiesto la insuficiencia de estas medidas para la total seguridad de la urbe.

 

En los años 1964 y 1967 el Ayuntamiento encarga nuevos proyectos para la desviación del cauce del Guadalmedina a su paso por la ciudad, pero en el año 1970 se descarta definitivamente la idea.

 

Las administraciones se decantan por  una nueva opción: La Presa del Limonero

 

Abandonada la idea de la desviación del lecho del río, el Ministerio de Obras Públicas se  inclina por la construcción de la nueva presa, que cumpliría dos funciones: por una parte, controlar las avenidas del río y, por otra, abastecer de agua a la ciudad. En el año 1978 el Director General de Obras Hidráulicas presentó el proyecto del nuevo pantano ante las autoridades malagueñas, con un presupuesto de 1.100 millones de pesetas . Las obras comenzaron en 1979 y concluyeron en 1983.

 

El embalse tiene una capacidad de 25 Hm3; su superficie ocupa un espacio de 105 Ha. y su aportación media anual alcanza los 15 Hm3. Con 400 m. de longitud y 95 m. de altura, se trata de una presa de gravedad, de materiales sueltos con núcleo de arcilla.

 

Actualmente, en la presa se puede practicar la pesca deportiva, la navegación, e incluso el baño en las zonas

permitidas.

NOTA: la denominación dada a esta presa parece provenir de un error tipográfico, pues en un principio debió llamarse presa o pantano del LIMOSNERO, ya que las tierras en las que se ubica pertenecieron en el pasado al limosnero del obispado malagueño. El error en el cartel indicativo que suprimió la letra "s" pervivió durante el tiempo lo suficiente para que se impusiera el nombre con el que la conocemos en la actualidad: la Presa del Limonero.

PRESA  DEL  LIMONERO