Historia y Arte de Málaga

 

HISTORIA DE LA CIUDAD

 

LAS INUNDACIONES DE 1661, 1907 Y 1989 EN LA CIUDAD DE MÁLAGA

Juan V. Navarro Valls

La inundación

 

Se conoció, junto con la de 1628, como "Las inundaciones de San Lino", ya que ambas estuvieron relacionadas con la festividad de dicho santo, produciéndose la que nos ocupa en su víspera, es decir, el 22 de septiembre, mientras que la de 1628  tuvo lugar el mismo día de su celebración, el 23 del mencionado mes. Ambas fueron  dos de las riadas más calamitosas que ha sufrido nuestra ciudad.

Aclaración sobre las fuentes consultadas para el estudio de la inundación de 1661

 

Varios documentos me han servido para realizar el estudio de esta inundación:

 

Uno de ellos, anónimo, se encuentra en la Biblioteca del Ayuntamiento de Málaga, y estaba dirigido al duque de Medina Sidonia. Muy interesante, pero algo exagerado y no falto de cierta superstición en el relato para dar un carácter sobrenatural al suceso: "... y assi dizen se viò un Cometa ò Dragon espantoso sobre Malaga echando fuego, y lo assiguran muchos..."

 

Un segundo documento, también anónimo,  lo imprimió  Mateo López Hidalgo, impresor de la Catedral de Málaga.

 

Otros dos están  recogidos por Medina Conde (con el seudónimo de Cecilio García de la Leña) en sus Conversaciones Históricas Malagueñas, de los cuales el principal fue redactado por una Junta del cabildo de la ciudad mandada crear por el rey Felipe IV (Real Provisión de 25/10/1661) con el fin de informar y evaluar los daños causados por la inundación, que iba encabezada por el obispo de Málaga Antonio Piñahermosa e integrada por las personalidades político-religiosas  más relevantes de la urbe; el otro documento, más breve, lo imprimió Fr. Juan de Prado y Ugarte, lector de Teología en el Convento Real de la Victoria.

 

Todos ellos fueron redactados en fechas muy próximas a la catástrofe y aunque existen algunas diferencias que ya se irán exponiendo, se puede extraer de ellos una visión bastante aproximada del suceso, pues en muchos aspectos coinciden.

Inicio del desastre

 

Según el documento dirigido al duque de Medina Sidonia, a las siete de la mañana del día 22 de septiembre comenzó a llover, arreciando la tormenta desde las ocho hasta las tres de la tarde, aunque según la narración  impresa por López Hidalgo, la tromba tuvo lugar desde las nueve hasta las dos "con tan copiosos mares de lluvia y tan crecientes y agolpados truenos que jamás vieron las edades.."

 

El agua arrasa todo a su paso, inundando los barrios extramuros

 

A partir de las diez, el agua descargada en los montes que rodean la ciudad ocupó el cauce del Guadalmedina, seco unas horas antes, acrecentando su caudal sobremanera, ayudado además por las aguas de los múltiples arroyos que en él vertían. Debido a ello, el río se desborda y  la impetuosa corriente arrasa y anega todo lo que se encuentra a su paso, arrastrando viñas, árboles de las huertas, maleza, barro, animales muertos...

 

Sin ningún obstáculo por su margen derecha, penetra en los barrios de la Trinidad, Santo Domingo y Perchel  afectando a una gran cantidad de casas, arrancando y derribando de sus cimientos unas  e inundando  las que quedaron en pie.

 

En su violento recorrido, el Guadalmedina destruyó dos puentes: el que enlazaba Mármoles y la Trinidad con Puerta Nueva, de madera, y el de Santo Domingo, de piedra, "que era de la obra que hizieron los romanos", según cuenta el documento mandado al duque de Medina Sidonia.

 

El documento impreso por Mateo López enumera las zonas extramuros inundadas: la Victoria, la Merced, Ollerías, Goleta, San Francisco, Carreterías, Trinidad, Mármoles, Perchel y Santo Domingo.

 

Por si fuera poco, existían en el distrito de la ciudad alrededor de treinta pagos sembrados de viñas. La inundación junto a las crecidas que se prolongaron en los días sucesivos interrumpieron la vendimia que se realiza en esa época del año, ocasionando un grave perjuicio. Dieciocho huertas quedaron arruinadas. Además, perecieron ahogados ganado de varias clases y cabalgaduras.

 

El agua penetra en el casco amurallado

 

Por su margen izquierda, el río deteriora parte de los muros y torreones. El agua penetra en el interior del casco urbano por las roturas ocasionadas y por las puertas situadas en ese flanco, en especial por Puerta Nueva. Las puertas del Mar y de Espartería, por donde deberían haber salido las aguas a la bahía sirvieron de freno ya que el ímpetu de la corriente las cerró y obstruyó, con lo que el nivel dentro de las murallas ascendió rápidamente  inundando toda la ciudad.

 

Esto provocó la ruina de muchos mercaderes y comerciantes malagueños pues las aguas arrastraron el vino, la pasa, el aceite y la almendra que se encontraban almacenados para su posterior embarque, pues era en el mes de septiembre cuando en Málaga se llevaba a cabo la gran actividad exportadora de productos mencionados. También se perdieron almacenes de trigo, harina y cebada, y otros de mercaderías como telas, lana y ropa, así como ajuares domésticos de las casas arrasadas de la burguesía de la ciudad  (dinero, alhajas, muebles, cuadros...), cuyos moradores hubieron de abandonar a toda prisa para poner a salvo sus vidas. Las crónicas cuentan que el nivel de las aguas en las calles de la ciudad llegó a las dos varas de altura, o sea, más de metro y medio (la vara castellana medía 0,835905 metros).

 

Sobre ello se expresaba de forma dramática el autor anónimo del escrito al duque de Medina Sidonia: "Mercaderes y hombres muy poderosos, han quedado en la calle y desnudos, que es lo peor: ¿qué será en la gente común.?" El documento enviado por la Junta al rey , también se lamenta en el mismo sentido, cuando afirma que "...hubo mucho número de personas que habiendo amanecido ricos, y con caudales bastantes para pasar sus vidas con descanso y comodidad, anochecieron tan pobres, que andaban pidiendo de limosna la comida y el vestido".

 

El estado de ruina de la ciudad fue tal que galeras de Génova, Nápoles y Sicilia que se encontraban fondeadas en el puerto socorrieron con "...vizcocho y cecinas" y prestaron sus galeotes para ayudar a limpiar las calles del tarquín, escombros y demás basura acumulada.

 

Arquitectura afectada

 

Además del número de casas de todo tipo arrasadas totalmente, inundadas, o afectadas en su estructura siendo por tanto inhabitables, cuyo número aproximado se conoce por los padrones de las parroquias y que más abajo se detallará, los distintos documentos nos hablan de los daños sufridos en algunos templos y conventos de la ciudad.

 

Con toda seguridad fue el convento de Santo Domingo el que se vio más perjudicado. La corriente derribó algunas de sus puertas, parte de las paredes de su cerca y  varias dependencias. La iglesia se inundó viéndose algunas capillas gravemente afectadas, pues el agua alcanzó  más de tres varas de altura en su interior, es decir más de dos metros y medio. Además, las casas próximas al convento, que eran propiedad del mismo y que estaban  arrendadas quedaron también arruinadas. El provincial de la orden dominica en Andalucía, Fray Alonso de Santo Tomás (hijo de una relación extramatrimonial del rey Felipe IV, que después será obispo de Málaga) se arrojó con otros religiosos al agua hacia el convento del Carmen, donde llegaron exahustos. Posteriormente Fray Alonso fue trasladado en falúa al convento de San Agustín, para mayor seguridad.

También se vio afectado el convento de San Francisco, donde el agua destruyó las cercas, penetrando en las huertas y provocando daños en el edificio.

 

En cuanto a los templos de la ciudad, no hay datos específicos, pero el ya referido documento anónimo dirigido al duque de Medina Sidonia comenta a nivel general que se perdieron muchos ornamentos, sacristías, y se resintieron bóvedas y estructuras con manifiesto peligro de hundimiento.

Pérdidas humanas y evaluación de daños

 

Las fuentes no coinciden en el número de  pérdidas humanas

 

Los documentos consultados dan cifras bastante dispares sobre el número de ahogados en esta catástrofe. El  ya citado informe enviado al rey por la Junta que recoge Medina Conde, es el más comedido y aparece como más fiable. Da un número basado en los empadronamientos parroquiales de 192 ahogados, aunque no contempla ni a niños ni a extranjeros, pues  solo aparecen las personas "...de edad que les obligaba al cumplimiento de los preceptos religiosos..." (se refiere, probablemente,  a los adultos censados que pagaban los diezmos). No obstante, aventura un total de alrededor de 400 ahogados "...de todos sexos y edades...". Por su parte, el impreso de Mateo López eleva la cifra anterior a 2.000 personas.

 

Los datos que también aparecen en la misma obra citada de Medina Conde y que se refieren al impreso de Fr. Juan de Prado son bastante más exagerados, pues aumenta a 3.000 muertos en la inundación.

 

Las pérdidas económicas

 

Vuelven a ser las cifras de la Junta del Cabildo las menos exageradas y más detalladas:

Hay que hacer notar que en el concepto "casas destruidas" el total de ducados fue calculado con la mitad del costo mínimo estimado por unidad (418 casas, a 4.000 ducados cada una, harían un total de 1.672.000 ducados, justo el doble del total que aparece). En cuanto a las pérdidas que sufrieron las viñas, se fijan en la cantidad de arrobas de vino que dejaron de producir las uvas que no se pudieron recoger.

 

Como en el informe se advierte, no se incluyeron los gastos ocasionados por la pérdida de torres y los daños en las murallas y antemurallas  "... que aunque muchas de estas cosas no servían en defensa de la ciudad e invasiones de enemigos, algunas de ellas la defendían y, todas juntas daban mucha autoridad, y hermosura, y defensa a la ciudad". Tampoco aparecen los costos de los dos puentes arrasados. Concluye este escrito expresando al rey que el informe se ha escrito sin la menor exageración, así porque los daños fueron mayores que lo que pueda expresarse, como por la honorabilidad y responsabilidad de las personas que formaron la Junta. El rey envió a la ciudad 16.000 ducados para ayudar a la limpieza y reparación  de calles y cañerías.

 

Los otros documentos son menos precisos, pero más exagerados. Así,  el informe impreso por Mateo López Hidalgo eleva el número de casas caídas a 1.600 y a 3.000 las afectadas y dañadas, situando en más de 3 millones  de ducados las pérdidas totales. El documento de la imprenta de  Fr.  Juan de Prado coincide en el número de casas derrumbadas e inundadas con el anterior, aunque eleva el total de gastos a 6 millones de ducados.

Fuentes y bibliografía específica

 

Fuentes

 

  • ANÓNIMO (1661): Relación verdadera, del diluvio y ruina de la ciudad de Málaga. Enviada al Excelentísimo Señor Duque de Medina Sidonia, a Valladolid. Biblioteca del Ayuntamiento de Málaga. Signatura BM24/85. Fondo Antiguo.

 

  • ANÓNIMO (1661):  Breve copia del estrago lastimoso que hizo en la ciudad de Málaga la inundación del Río Guadalmedina, en veinte y dos de Septiembre de este año de 1661. Impresa en Málaga por Mateo López Hidalgo impresor de la Santa Iglesia Catedral.

 

  • CARTA  QUE LA JUNTA DEL CABILDO DE LA CIUDAD DE MÁLAGA ENVIÓ A S.M. FELIPE IV (1661, impresa en 1662): Inundación víspera de San Lino, 22 de Septiembre de 1661. Recogida en  GARCÍA DE LA LEÑA, C. (MEDINA CONDE) (1793): Conversaciones históricas malagueñas, Descanso VI: continuación de los Ilmos. obispos de la ciudad, págs. 167-172 Imprenta Luis de Carreras. Málaga.

 

  • PRADO Y UGARTE, Fray Juan de (1661): Breve descripción de esta ruina lamentable. Recogida en  GARCÍA DE LA LEÑA, C. (MEDINA CONDE) (1793): Conversaciones ... págs 172 y 173.

 

Bibliografía

 

  • GUILLÉN ROBLES, F. (1991): Historia de Málaga y su provincia, T. II (3ª edi.), Arguval, Málaga, (ed. orig. 1874).

 

  • PÉREZ DE COLOSÍA RODRÍGUEZ, M. I. (1978): "La crisis de Málaga en 1661 según los fondos documentales de la Biblioteca Nacional", Baética. Estudios de Arte, Geografía e Historia, 1, Universidad de Málaga. Málaga.