Historia y Arte de Málaga

 

HISTORIA DE LA CIUDAD

 

LAS INUNDACIONES DE 1661, 1907 Y 1989 EN LA CIUDAD DE MÁLAGA

Juan V. Navarro Valls

Para entender las graves inundaciones que a lo largo de últimos cinco siglos han afectado a la ciudad de Málaga hay que tener en cuenta tanto factores geográficos como humanos.

 

Factores físico-geográficos

 

La ciudad está situada en una hoya, por donde discurren los ríos Guadalhorce, Guadalmedina

 y un buen número de torrentes y arroyos

 

Málaga se asienta sobre una hoya, circundada de montes, a excepción del sur, por donde se abre a la bahía. Por esta depresión discurre el río Guadalhorce, que se sitúa al oeste, y el Guadalmedina, el "río de la ciudad" como su etimología indica desde tiempos de los romanos, y cuyo nombre actual procede  de esa traducción en árabe (وادي = wadi = río;  مدينة  = madina = ciudad) que la atraviesa hoy y que en tiempos pasados corría muy próximo a su muralla. Además de los dos ríos mencionados, bajan de los montes aledaños una gran cantidad de torrentes y arroyos, en la actualidad embovedados algunos al paso por la ciudad, mientras que otros siguen abiertos.

Las lluvias torrenciales de otoño

 

El régimen de lluvias del clima malagueño es el otro factor físico-geográfico que, junto con el relieve influye en las avenidas de los citados ríos y arroyos. Las elevadas temperaturas de las capas de aire del Mediterráneo, recalentadas durante el verano, se ponen en contacto con las masas de aire provenientes del interior, las cuales comienzan a enfriarse  en otoño, provocando en algunos casos las conocidas "gotas frías", que  dan lugar a las fuertes lluvias torrenciales típicas de nuestro clima.

 

El factor humano en el río Guadalmedina

 

La influencia de la mano del hombre sobre los montes que nos circundan por donde corren el Guadalmedina  y  los otros arroyos que en ellos nacen ha sido fundamental para el comportamiento de esas corrientes de agua.

 

En dicho comportamiento hay un antes y un después marcado por la conquista de la ciudad en 1487, de forma que la entrada del siglo XVI supone un punto de inflexión en el modo que el río y los arroyos afectarán a Málaga. ¿Qué le ocurrió a un río que según las crónicas antiguas poseía un  caudal constante, sin fuertes avenidas y con aguas claras y limpias para que se convirtiera en una amenaza para la ciudad?

 

Hagamos un poco de historia:

 

El geógrafo e historiador griego Estrabón, en el tomo II de su obra Geografía, escrita entre el 29 a. C. y el año 7 de nuestra era, nos describe los montes que circundan nuestra ciudad como "de densos bosques y corpulentos árboles". Junto a esta descripción, otros antiguos historiadores y cronistas nos hablan de que "el caudal del río era "constante y limpio". Incluso en 1490 el Cabildo malagueño prohíbe dar de beber al ganado en el Guadalmedina debido a que los vecinos se abastecen de sus aguas y, por tanto, hay que mantenerlas puras.

 

Como ocurre con los otros ríos de la vertiente mediterránea próximos a los relieves litorales, no se descartan algunas inundaciones esporádicas a lo largo del tiempo. Al respecto se tienen noticias de dos de ellas en los años 1193 y 1434. Pero el problema se agrava a raíz de la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos,  pues con los repartimientos que los monarcas llevaron a cabo entre sus soldados y colaboradores, en lo que se refiere a la zona por la que discurre el río, los bosques (encinas, alcornoques y robles) y el sotobosque que allí se encontraban fueron talados y las tierras roturadas para dedicarlas al cultivo de la vid principalmente.

 

La falta de arboleda y matorrales hicieron que los  aguaceros y el granizo golpearan directamente las tierras, gran parte de ellas removidas por los cultivos, que se desprendían  al no ser sujetadas por la vegetación, siendo arrastradas por las laderas hacia el cauce del río.

 

En consecuencia, año tras año el lecho del Guadalmedina iba perdiendo profundidad, se iba cegando con la cantidad de arenas, pizarras, fangos, raíces, troncos, brozas... y, cuando caían lluvias torrenciales, la subida del nivel de las aguas que el cauce ya no podía albergar, provocaba las inundaciones o riadas (para los malagueños "riás") de tan infausta memoria en nuestra ciudad. El depósito de estos materiales en la desembocadura colaboraba  con todo lo anteriormente mencionado para desbordamiento del río.

 

Junto a estos efectos se produce otro no menos importante y es que al no haber vegetación que contuviera el agua, las fuentes se iban secando y el caudal poco a poco se fue transformando  en intermitente hasta acabar convirtiéndose en un torrente.

 

Así, lo que para fenicios, romanos, visigodos y musulmanes fue una alianza entre Málaga y su río, se convirtió a partir del siglo XVI en una continua guerra contra él, teniéndose noticias de más de sesenta inundaciones desde la mencionada centuria hasta el pasado siglo.

 

Es conveniente matizar  que el Guadalhorce no influyó en las inundaciones de la urbe hasta el siglo pasado, puesto que el crecimiento y la urbanización de Málaga por el oeste no se inicia hasta entrado el siglo XIX, por lo que de las tres inundaciones  que aquí se tratarán, será a partir de la de 1989 cuando, junto al arroyo de las Cañas (torrente tributario suyo), cobre un importante protagonismo afectando a los barrios occidentales de la ciudad (La Paz, Sixto...), a la urbanización Guadalmar y a los polígonos industriales instalados en los aledaños de su cauce.

Bibliografía general

 

  • ÁLVAREZ CALVENTE, Miguel (1973): "Málaga versus Guadalmedina", Jábega, 1, Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, Málaga.

 

  • FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Pablo (2006): El río Guadalmedina. Estudios Preliminares, Universidad de Málaga.

 

  • VV.AA. (2015): I Cuaderno del Guadalmedina. Un Concurso de Ideas para un Proyecto Estratégico, Fundación CIEDES, Málaga.

 

  • VV.AA. (2016): II Cuaderno del Guadalmedina. La integración de los ríos en las ciudades, Fundación CIEDES, Málaga.