Historia y Arte de Málaga

 

HISTORIA DE LA CIUDAD

Juan V. Navarro Valls

Origen y ubicación de Malaka. Diversas teorías sobre su topónimo

 

Sus orígenes se remontan, al menos, al siglo VII a. C.

 

El origen de la ciudad hay que buscarlo en los fenicios de la metrópoli de Tiro. En las excavaciones realizadas, se han descubierto elementos arqueológicos que demuestran la existencia de un poblamiento fenicio en las laderas del promontorio de la Alcazaba que se puede datar en el siglo VII a. C. o incluso antes. De esa misma fecha se han encontrado en la calle Císter los restos más antiguos de un santuario. Durante la centuria mencionada, existían, pues, dos núcleos importantes en la bahía de Málaga: el ya descrito Cerro del Villar, en el delta del Guadalhorce y esta nueva población de la ciudad de Málaga, en la desembocadura del Guadalmedina.

 

Una situación topográfica ventajosa ayuda a la Malaka fenicia

 

El espacio de la ciudad quedaba definido por dos colinas: la de la Alcazaba, de mayor altura, y otra, mas baja, que se localizaría donde se encuentra  la Catedral y que se extendería por las actuales calles de Molina Lario, San Agustín, Granada y Alcazabilla. La zona costera comprendida entre la desembocadura del Guadalmedina y las mencionadas elevaciones, que le servían de protección, era, sin duda, un lugar idóneo para  el atraque de embarcaciones, convirtiéndose de esta forma en un  puerto seguro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En cuanto al origen del topónimo de la ciudad, hay varias teorías

 

Los fenicios fundadores de la ciudad llamaron al enclave Mlk´ (Malaka), que con posterioridad  aparece con la grafía neopúnica  , como apreciamos en las monedas acuñadas en los siglos II y I a. C. por la ceca de la urbe malagueña. Este término se convierte en  Malaca para los romanos, y Malaqa (مالقة) para los musulmanes.

Algunas teorías sobre el origen del topónimo se hacen muy difícil de sostener, como la que deriva el nombre de   Málaga  de "Mala Cava" en referencia a la hija del Conde D. Julián que fuera deshonrada por el rey visigodo D. Rodrigo y que, en venganza, el conde propiciara la invasión árabe de España.

 

Tampoco se sostiene con pruebas consistentes la que propone que el topónimo de la ciudad procede del nombre de Malago, un fenicio supuestamente  fundador de la misma.

Otra teoría deriva el nombre de Malaka  del vocablo hebreo "malah", en su significado "aderezar con sal".

 

Igualmente, de origen hebreo es el vocablo "Malach" que significa "reina" con origen en la diosa oriental "Malacha" o "Malache" a la que los fenicios adoraban y que se impondría al nuevo enclave fundado por ellos.

 

Para el historiador, arqueólogo y filólogo alemán Schulten el topónimo Malaka deriva del fenicio "mal´kt" o "mlkt", que significa "trabajo" referido a labranza, alfarería, construcciones..., pudiendo también se utilizado para designar "el lugar del trabajo".

 

En la actualidad las teorías aceptadas por la mayoría de los estudiosos del tema determinan que el nombre fenicio de Mlk´ tiene el significado de "factoría", lo que coincide con la función del asentamiento en sus orígenes.

Los comienzos: el santuario de calle Císter, restos de actividades metalúrgicas e inicios de urbanismo (siglo VII a.C.).

En unas excavaciones realizadas en la calle Císter se descubrieron varios niveles pertenecientes a un santuario fenicio,  cuya datación lo sitúa en la primera mitad del siglo VII a.C. El templo ocupaba una situación estratégica, pues estaba ubicado sobre la elevación cercana a la actual Catedral, desde donde se dominaba toda la bahía, el cercano puerto de la ciudad  y los valles del  Guadalmedina y del Guadalhorce.

 

Sobre el recinto del primer santuario se construyó otro, aunque no supuso la destrucción del anterior, sino que el primitivo se cubrió con tierra que sirvió de arranque del segundo.

 

En el yacimiento se hallaron dos altares, pertenecientes a cada  una de las dos construcciones, así como restos de un suelo de conchas en una de las habitaciones, de un marcado carácter sagrado.

 

Estos santuarios se repiten en la fundación de colonias por parte de Tiro (un ejemplo lo constituye el templo de Melkart en Gadir -Cádiz-) y cumplían dos objetivos:

  • Por un lado, eran centros de culto.

 

  • Y, por otro, se constituían como núcleo central  donde debían llevarse a cabo todas las transacciones comerciales.

 

Los santuarios eran, por tanto, el vínculo principal entre metrópoli y colonia, convirtiéndose desde su erección en centros religiosos-administrativos dirigidos por una casta sacerdotal que custodiaba  la documentación tanto de carácter mercantil como privada.

 

A partir del la mitad del siglo VI a.C. el santuario es ocupado por la construcción de la muralla fenicia.

 

En las cercanías de este lugar de culto se han encontrado restos de actividades metalúrgicas

 

De las fechas  correspondientes a esta primera ocupación del asentamiento pertenecen los hallazgos de restos relacionados con actividades metalúrgicas (desde finales del siglo VII a. C. a principios del s. VI a.C.). Éstos consisten en un depósito de limos y arcillas con gran cantidad de escorias de metal, junto con varios fragmentos de toberas procedentes de algún horno cercano.

 

También se han descubierto en este depósito un conjunto cerámico, parte de él  realizado a mano (vasos y ollas) y otra parte a torno (cuencos, lucernas y platos con y sin engobe rojo) y algunas cerámicas pintadas.

 

Los inicios del urbanismo

 

Igualmente, asociado al santuario, se han encontrado una serie de muros cuya función no está clara, aunque pudieron ser construcciones domésticas, talleres metalúrgicos o almacenes.

 

Más seguridad ofrece el estrato donde aparece el hábitat más antiguo (siglo VII a.C.), con una serie de estructuras que, sin lugar a dudas, se puede identificar con construcciones domésticas que siguen relacionadas  con las actividades metalúrgicas como lo demuestran las escorias de hierro presentes en ellas. En los restos encontrados se identifican una serie de hogares de arcilla de planta circular, sobre los que se construyeron después unos muros de cantos rodados que sostienen a los adobes del alzado. Los suelos se elaboraron con una capa de arena sobre la que se colocaba un manto de arcilla compacta. Los espacios de estas construcciones tenían forma rectangular o cuadrada. En una de ellas se ha encontrado un banco de adobe sobre los que se insertan recipientes culinarios y de almacenaje (un plato y un ánfora ambos con engobe rojo), que hace pensar en un espacio dedicado a cocina.

 

También se ha localizado un horno cerámico, con paredes revestidas de adobe reforzado al exterior para que no se perdiera el calor.  Produciría diferentes recipientes como ánforas, platos de engobe rojo y cuencos de cerámica gris.

 

En la transición del siglo VII al VI a.C. se observan  cambios, tanto en las características de las viviendas como en la aparición de calles, muy estrechas, surgen a partir de las nuevas construcciones domésticas que se van realizando. El material cerámico encontrado que corresponde a esta fase consiste en ánforas, pithoi (tinajas grandes de forma ovoidal) con decoración de bandas rojas y negras, jarros trilobulados, cuencos, copas griegas y algún resto de ánfora corintia.

RESTOS URBANOS Y HORNO DEL SIGLO VII Y PRINCIPIOS DEL VI A. C.

La consolidación de la ciudad a partir del siglo VI a.C.

 

Cuando la metrópoli fenicia de Tiro es tomada por los babilonios (año 573 a.C.), Cartago se erige en la potencia hegemónica del Mediterráneo occidental pasando a controlar las colonias fenicias. Coincidiendo con este hecho, Malaka, ahora ciudad púnica, empieza a convertirse en un importante centro político y económico, absorbiendo a gran parte de la población del Guadalhorce.

 

A principios del siglo VI a.C. se producen cambios significativos en la estructura urbana de Malaka

 

A principios de la centuria tiene lugar una nueva fase de construcción sobre elementos preexistentes, tales como el santuario o las instalaciones industriales que previamente habían sido abandonados. Se han identificado edificios que siguen el modelo de oriente,  con planta rectangular, habitaciones que se distribuyen en torno a un patio central, muros de mampostería más trabajados, y alzados de adobe acabados con estuco de cal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un potente recinto defensivo es el punto de arranque de la hegemonía de Malaka en la zona

 

La construcción de una fuerte muralla en la primera mitad del siglo que nos ocupa fue decisiva para el cambio urbanístico que tuvo lugar en la ciudad.

 

La zona conocida hasta hoy más antigua del amurallamiento se ha localizado al norte, en el Palacio de Buenavista (Museo Picasso) y al oeste, en las calles San Agustín y Císter (primer cuarto del siglo VI a.C.).  La estructura está formada por dos muros paralelos (de unos 11 m. de largo) con pequeños muros transversales adosados entre ambos a modo de tirantes, creando espacios que se rellenaban con tierra y piedras o con capas de arcilla muy compactas, formando un conjunto con una anchura de 2 m y una altura de entre 2,5 y 4 m.

 

Entre finales de VI y principios del V a.C. tiene lugar una remodelación de la fortificación, de la que se conservan 27 m. aproximadamente, con varias torres en los flancos norte y oeste. En el norte, se usa el muro antiguo como paramento interior y se construye uno nuevo de mampostería y  arcilla de 1,50 m. de grosor, quedando entre ambos un camino de ronda de 2,8 m. de anchura. En este lienzo norte aparece añadida una torre con habitaciones rectangulares. En el flanco oeste también se le adosa por su lado exterior otra línea de muro.

 

En definitiva, el espacio intramuros de la ciudad queda limitado, al norte, por el lienzo que discurre desde la parte occidental de la colina de la Alcazaba hasta el Palacio de Buenavista; al oeste, por el lienzo del antiguo convento de San Agustín y calle Císter, hasta la colina que hoy ocupa la Catedral; al sur por otro lienzo que llegaría hasta el Rectorado de la UMA (antiguo Correos), donde se han encontrado restos de la muralla, finalizando por el este, en la parte meridional de la colina de la Alcazaba. Las nuevas edificaciones, abandonan  la antigua orientación norte-sur (relacionada con la  del antiguo santuario)  para orientarse con referencia a la muralla (este-oeste). Los límites de este amurallamiento son rebasados por la ciudad en constante crecimiento a partir del siglo V-IV a.C.

RESTOS DEL LIENZO NORTE DE LA MURALLA EN EL

PALACIO DE BUENAVISTA (MUSEO PICASSO)

Una calle pone de manifiesto la intensa actividad de la urbe malagueña

 

El hallazgo de los restos de una  calle orientada también en la dirección este-oeste y  la superposición de pavimentos que se aprecian en ella, demuestran la existencia de una intensa actividad desde la primera mitad del siglo VI a.C. hasta la época romana. En sedimentos del último suelo se han hallado hasta treinta monedas de bronce correspondientes a las primeras emisiones de la ceca de la ciudad (siglo III a.C.). Sería, por consiguiente, una vía de tránsito de mercancías hacia la zona portuaria. La aparición de pesos de cobre en los sedimentos correspondientes a diversos niveles de la calle nos indica también que en ella se llevarían a cabo  actividades de compra y venta.

 

Gracias a los hallazgos cerámicos se ha podido comprobar la importancia de la ciudad dentro del ámbito mediterráneo con restos procedentes de Grecia (Rodas, Samos, Quíos y Atenas) y de Etruria.

RESTOS DE CERÁMICA PALACIO DE BUENAVISTA (MUSEO PICASSO)

Existen indicios de un posible lugar de culto en la ladera de la colina de la Alcazaba

Varios hallazgos en los años 1959 y 1960 en la zona del teatro romano, entre los que destacan  un pozo de posible carácter ritual y dos pebeteros de terracota con forma de cabeza femenina, hacen pensar a los investigadores sobre la existencia de un lugar de culto a una divinidad femenina fenicia y cartaginesa.

 

Estos pequeños pebeteros, datables entre los siglos IV y III a.C., se pueden identificar con las diosas Astarté o Tanit, en cuyos templos eran frecuentes las cabezas de terracota para quemar sustancias aromáticas en su honor.

Las necrópolis de Malaka

 

La necrópolis del Gibralfaro: Los Campos Elíseos y Mundo Nuevo

 

En las laderas de Gibralfaro, se han hallado restos en dos sectores: Los Campos Elíseos y  Mundo Nuevo. En el primer sector se descubrieron 23 tumbas, cuya cronología oscila entre el siglo VI a.C. para tres de ellas, y los siglos III y I a. C. para las restantes. Las más antiguas corresponden al tipo de fosas delimitadas por piedras, estando una de ellas cubierta por una laja.  Los materiales encontrados son diversos: un anillo de bronce, cerámicas fenicias de barniz rojo (entre ellas una lucerna),  fragmentos de cuencos y platos, cerámicas pintadas, ánforas y cerámicas griegas. El tipo de enterramiento era de inhumación, colocando el cadáver en posición decúbito lateral derecho, con el rostro orientado al mar. También existe una cantidad importante de enterramientos por incineración.

 

En cuanto al segundo sector, en El Mundo Nuevo, durante las obras para la construcción del túnel de la Alcazaba y  un aparcamiento (1998), apareció un hipogeo datado en el siglo VI a.C. con cuatro tumbas con ajuares entre los que destacan cinco pendientes de oro.

 

La necrópolis de las calles Tiro-Zamorano

 

Ocupó el solar de una cabaña del poblado autóctono de San Pablo (bronce final) que estuvo interrelacionado con la Malaka fenicia asentada en la colina de la Alcazaba en el siglo VII a.C. Con el auge de la  ciudad y su amurallamiento , es muy probable que los habitantes de San Pablo fueran absorbidos por ella y el solar fuera transformado en necrópolis en el siglo VI a. C.

 

Se ha excavado una tumba de incineración primaria (es decir, el cadáver es incinerado en la misma fosa donde se entierra). Se encontraron varios collares y restos de la mandíbula y el cráneo muy fragmentados para facilitar la combustión. Aunque se desconoce el sexo del individuo, sí se sabe que su edad estaría comprendida entre los 12 y 16 años.

 

El singular hipogeo de calle Mármoles

 

Se trata de un enterramiento colectivo según la tipología de "piel de toro" , con la singularidad de que esta forma de piel de toro aparece asociada a los altares funerarios fenicios, pero no se suele ver en las tumbas. Su datación abarca desde el siglo VI al II a.C.

 

El hallazgo se compone de un pasillo de acceso  al enterramiento de 2,50 metros de largo, que conduce a una puerta adintelada de arenisca en un frente realizado con sillares del mismo material que el dintel. En el lateral izquierdo de la puerta existe una hornacina que cumplía la función de nicho para depositar ofrendas.

 

Tras ella aparece la tumba en sí. La cámara, está realizada con ocho hiladas de sillares de mampostería  rematada por una cubierta a dos aguas. Sus dimensiones son de 2,10 metros de largo por 1,70 de ancho y su planta, como se ha dicho más arriba es fusiforme, la llamada "piel de toro"

 

Además se encontraron los restos de un crematorio, donde previamente se incineraban los cuerpos para posteriormente trasladarlos al hipogeo, donde se localizaron tres cremaciones en fosa, guardando una de ellas un importante ajuar funerario de oro, consistente en un juego de pendientes, un anillo signatario, pepitas de oro, cuentas de collar, dos colgantes con forma de cabeza de carnero y restos de un collar de pasta vítrea. En cuanto al material cerámico, en otra tumba fueron encontrados  una lucerna, ungüentarios para perfumes, una urna y jarros y cuencos que se usaban como contenedores de aceite, vino o miel que se depositaban en honor de los difuntos.

HIPOGEO PÚNICO DE CALLE MÁRMOLES (SIGLOS VI-II A.C.)

Un enterramiento excepcional: la "Tumba del Guerrero"

 

Entre las calles Jinetes y Refino de la ciudad, en el año 2012 tuvo lugar este importante  hallazgo para la historia de la época púnica de Málaga.

 

La tumba consiste en un enterramiento tipo cista, con orientación este-oeste realizada a base de bloques de piedra regulares de algo menos de un metro de longitud, cuyas medidas internas son de 2,63 x 1,26 metros, instalada en una fosa excavada en el terreno y que contiene un difunto cuya altura, según los restos conservados, debía de estar entre 1,70 y 1,80 metros. El profesor Mario Torrelli  afirma que el enterramiento, según ciertos materiales del ajuar funerario (sobre todo el yelmo), se puede datar con bastante fiabilidad en el tercer cuarto del siglo VI a.C.

 

En cuanto a la categoría social del difunto la hipótesis más aceptada concluye que se trataría de un individuo que, por comparación con las otras necrópolis malagueñas, no está plenamente integrado en la población de la ciudad, lo que junto al marcado carácter guerrero del ajuar, sin paralelos en el ámbito fenicio, hace pensar que se tratara de un jefe mercenario, probablemente griego, al servicio de la ciudad, tal y como se ha descubierto en otras tumbas fuera de la península Ibérica (necrópolis de L'Osteria y Poseidonia-Paestum). La peculiaridad es que la utilización de mercenarios para defensa de las ricas ciudades mediterráneas tardará aún un siglo para generalizarse, por lo que el caso de Malaka es pionero.

 

Junto al esqueleto inhumado con el cráneo mirando al oeste, aparece dispuesto el ajuar funerario. En el ángulo suroeste de la caja al lado derecho del difunto, se encontró una punta de lanza, doblada para que no se pudiese volver a utilizar; junto al lado izquierdo del cráneo se situaba una pátera de plata fenicia; junto a ella,  un sello, consistente en un escarabeo de cornalina donde se representa a la diosa egipcia  Sekhmet (diosa de la guerra, de la fuerza y la venganza, pero también de la curación) engarzado en una pieza de oro unida a una anilla; a la altura del  brazo izquierdo, se han detectado fragmentos circulares de madera; a los pies del difunto se encontraron dos varillas de plata de 15 cm. de longitud rematadas en ambos lados por cabezas semiesféricas huecas, que se han interpretado por algunos como portarrollos de papiros, aunque parece tratarse de las piezas de sujeción de un componente de cuero (cardiophylax) que formaba parte de la armadura y que  se enrollaba en torno a las varillas.

 

En el exterior de este enterramiento se han encontrado, además, un pebetero fenicio de doble cuerpo y un yelmo griego de tipo corintio que es, sin duda, el elemento más preciado de la tumba, que presidiría los ritos  de la inhumación y sería enterrado al concluir la ceremonia. Está decorado con imágenes incisas a buril consistentes en una palmeta entre serpientes sobre la defensa nasal y pájaros volando a ambos los lados.

LA "TUMBA DEL GUERRERO" (TERCER CUARTO DEL SIGLO VI A.C.)

El santuario del Cerro de la Tortuga.

 

Su localización

 

El Cerro de la Tortuga, de una altura de 174 m.s.n.m., está ubicado en el barrio de Teatinos, al noroeste de la ciudad de Málaga, quedando, por tanto, extramuros de la antigua Malaka, desde cuya cumbre amesetada se observa una buena panorámica de la la urbe. Está rodeado por los arroyos de Teatinos (al oeste) y del Cuarto (al este).

 

Naturaleza de los hallazgos y cronología

 

Fue en la década de los sesenta del pasado siglo cuando  Juan Manuel Muñoz Gambero, arqueólogo  malagueño, llevó a cabo  una serie de excavaciones en la zona que dieron como resultado el descubrimiento de los restos de un templo ibero-púnico en la cima del cerro  y unas posibles tumbas en las  laderas del mismo que han sido cuestionadas por algunos investigadores en la actualidad, como es el caso del arqueólogo Martín Ruiz, que prefiere identificarlas como zonas de ofrendas hasta que no se excaven y se estudien de forma más completa.

 

En cuanto a la datación también ha sido revisada, pues, si en un principio se fechaba en el siglo VI a.C., hoy se llega a la conclusión de que hay rebajar su antigüedad al menos en un siglo.

YACIMIENTO DEL CERRO DE LA TORTUGA

Descripción de los restos constructivos del santuario

 

Como se puede apreciar arriba (ver ilustración 2 - 2), se pueden contar tres estructuras o partes de edificios. El edificio A contenía un suelo de piedra y presenta una planta rectangular, aunque adaptada a las irregularidades del cerro y dividida en tres naves, dos de ellas, a la vez, subdivididas, pudiendo ser la nave central un acceso al edificio. Constaba de un zócalo de mampostería sobre las que se sustentaban las paredes de adobe.

 

Una calle empedrada de unos 5 metros de longitud y unos 2 metros de ancho separaba  al mencionado edificio A del edificio B, trapezoidal, del que hay documentado dos de sus lados y constaba, al menos, de una habitación con el suelo de lajas de piedra.

 

Junto a este edificio B se excavaron tres estructuras que se identificaron como viviendas, aunque luego se han considerado  cisternas, dos de las cuales tienen una profundidad que oscila entre los 4 y 5 metros, con el interior estucado con mortero y cal y delimitadas por muros de piedra. Las características de la tercera cisterna son distintas a las anteriores, planteando la duda de si pertenece a otro tipo de estructura.

 

En la parte mas alta del cerro se sitúa el edificio C, formada por dos zonas de planta rectangular que se unen formando una T, con zócalos de piedra y alzados de adobe,  que están divididas en otras hasta formar cinco estancias. El primer cuerpo contiene una sala rectangular de 8 x 3 metros, con un muro en el lateral mayor. Los muros aparecen estucados en el interior con mortero de cal. Se han encontrado sillares para posibles columnas de madera que servirían de apoyo a una techumbre plana. Igualmente aparecen otros cinco sillares que formarían probablemente parte de un altar, bajo el cual se han encontrado los restos de un perro, ofrenda propiciatoria típica entre los fenicios. Esta estancia sería la más importante del templo, la zona más sagrada, y daría paso a una sima desde donde se accedería a una cueva que, además de morada de la divinidad,  es posible que sirviera de almacén por la cantidad de recipientes cerámicos encontrados, así como restos de hierro y oro y una figurilla metálica.

 

La segunda estructura rectangular, a menor altura, comparte un muro medianero con la anterior, y se divide en tres salas, de las cuales, la mayor, mide 57 m2, que se encuentra también subdividida en otras salas más pequeñas.

 

Anexa a la sala anterior mencionada se localiza otra de planta rectangular, con suelo de arenisca rojiza y agujeros  que pudieron albergar maderos que sustentasen una segunda planta, tratándose  de una torre, aunque también se ha querido ver en esas oquedades morteros para machacar vegetales, idea avalada por la aparición de ánforas. Esto nos llevaría a pensar bien en una zona de transformación de alimentos, o bien en huecos en los que introducir recipientes para ofrendas.

 

Divinidades a las que se rendía culto

 

Por los hallazgos encontrados (pebetero y terracota femenina embarazada), el templo pudo estar consagrado a Astarté, deidad fenicia vinculada con la fertilidad, de la guerra y defensora de los animales, o a su equivalente cartaginés, la diosa Tanit, que además se asociaba a la Luna.

 

Materiales arqueológicos encontrados

 

Los materiales cerámicos encontrados son numerosos y muy diversos, tanto en la procedencia de elaboración como en sus tipos.

 

En lo que a las ánforas se refieren tenemos tres tipos elaboradas en el "Círculo del Estrecho" (siglos IV-II a.C.) para el almacenaje de salazones, y otro tipo procedente de alfares ibicencos (siglo II a.C.) para contener vino.

 

Además se han hallado  lebrillos (siglos V-IV a.C.), ollas  (siglos V-II a.C.), vasos caliciformes (siglos V-III a.C.) usados en las ofrendas, dos morteros (siglo IV a.C.) en uno de los cuales se había quemado alguna sustancia, tres soportes con inscripciones libiofenicias, cuencos y una posible clepsidra (recipiente para medir el tiempo mediante el flujo regulado de un líquido).

 

En cuanto a la cerámica griega encontrada estaría constituida por recipientes de barniz negro y figuras negras y recipientes de de barniz negro y figuras rojas (s. IV a.C.), tales como copas, cuencos escifos, cráteras y platos de pescado que pudieron usarse para el consumo de vinos y  alimentos.

 

También ha aparecido cerámica tipo Kuass (yacimiento en Marruecos perteneciente al "Círculo del Estrecho"), como platos de pescado de barniz rojizo o negro y cuencos de barniz rojo, pertenecientes al siglo IV a.C.  y principios del III a.C. También se puede incluir en este grupo copas, vasos globulares que pueden estar decorados con motivos geométricos y tapaderas de las cuales algunas contienen figuras humanas y motivos geométricos.

 

De factura ibérica han aparecido restos de kalathos pintados (vasos para contener miel, frutos secos, salazones ... ) y dos toneles sin decoración, que pueden datarse en el siglo IV a.C; además,  se han encontrado  un trozo de ánfora ibérica pintada en rojo con motivos geométricos, un gran contenedor de boca acampanada, una olla globular pintada también con motivos geométricos,  una tinaja de boca ancha igualmente con decoración geométrica  que serviría para almacenar grano, y una urna pintada (siglos IV-III a.C.).

 

Otros hallazgos consisten en las terracotas, con un marcado carácter religioso. Una de ellas es un quemaperfumes con forma de cabeza femenina; otra, un fragmento de máscara de arcilla y una figurilla femenina embarazada.

 

En cuanto a elementos metálicos, se hallaron siete fíbulas de bronce, seis de tipo anular hispánico y una con arco peraltado tipo La Tène, que se puede fechar en el siglo IV a.C. También de bronce aparecieron una sonda espatulada y un estilete (instrumentos con fines quirúrgicos, farmacéuticos o cosméticos). También se encontró un amuleto de plomo, dos campanitas de bronce y dos anillos. Así mismo se hallaron escorias de hierro, una punta de flecha y un regatón de lanza también de hierro.

 

Por último, hay que decir que han sido numerosos los restos de fauna encontrados: ovejas, cabras, ,cerdos, asnos, perros, vacas, gallinas y caballos, así como especies de caza (ciervos, conejos y liebres, un jabalí y una cabra montés).

HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS  DEL CERRO DE LA TORTUGA

Bibliografía

 

  • Arancibia Román, A, Escalante Aguilar, Mª M. (2006): "La Málaga fenicio-púnica a la luz de los últimos hallazgos", Mainake, 28. Málaga.
  • LÓPEZ CASTRO, J. L., MORA SERRANO, B. (2002):  "Malaka y las ciudades fenicias en el occidente mediterráneo. Siglos VI a.C.-I d.C." , Mainake, 24. Málaga.

 

  • MORA SERRANO, B., ARANCIBIA ROMÁN, A. (2018): "Malaka" en los siglos VI-V a. C.: la consolidación de una "polis" fenicio-púnica en el sur de la Península Ibérica", Archivo de Prehistoria Levantina, vol. 32. Valencia.

 

  • MUÑOZ COELLO, J. (1974): "Málaga y la colonización púnica en el sudeste peninsular", Revista Habis, 5. Sevilla.

 

  • Muñoz Gambero, J. M. (2009), El Cerro de la Tortuga. El templo y la necrópolis ibero-púnica de Málaga, Málaga, Fundación Málaga.

 

  • MARTÍN RUIZ, J. A. (2018): "El santuario fenicio del Cerro de la Tortuga (Málaga). Un ensayo de interpretación", Hispania Antiqva. Revista de Historia Antigua, 42. Valencia.

 

  • TORRELLI, M. (2018): La "Tumba del Guerrero" del Museo de Málaga, Discurso en la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo. Málaga

 

ENLACE WEB (hipogeo Calle Mármoles):

  • CONSEJERÍA DE CULTURA. MUSEO DE MÁLAGA:  https://contrataciondelestado.es/wps/wcm/connect/41de7613-d7e8-4c2d-b694-5df4d0cc1014/DOC20140411104611Doc++complementaria++Hipogeo+Marmoles.pdf?MOD=AJPERES