Historia y Arte de Málaga

 

 

Arquitectura doméstica

Juan V. Navarro Valls

En la zona del Paseo de Sancha y el Limonar  proliferan las viviendas neomudéjares

 

Desde finales del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX se realizan una serie de obras, bien de edificios destinados a viviendas, bien de villas o palacetes unifamiliares donde reside parte de la alta burguesía malagueña. Gran cantidad de estas últimas se edificaron al este de la ciudad, en la zona del Paseo de Sancha y del Limonar.

 

 

Villa Cele María

 

A finales del siglo XIX, el ingeniero José María de Sancha, proyectó en el número 44 del Paseo de Sancha, para usarla como residencia personal, la villa Cele María,  donde destaca, sobre todo, el uso de los azulejos en los muros y en las albanegas de los arcos (gotizantes y de medio punto) que enmarcan los vanos. El uso de celosías también contribuye al aspecto mudéjar de la obra.

 

 

Villa número 48 del Paseo de Sancha

 

Muy próxima a la anterior, también en el Paseo de Sancha, el famoso arquitecto malagueño Fernando Guerrero Strachan levantó, a principios del siglo XX, la villa número 48, en la que están presentes elementos medievales y mudéjares. Su cuerpo central, a modo de pórtico, lo preside un  arco rebajado de ladrillo, con decoración de cerámica en las albanegas, apoyado en pilares. Sobre él se asienta una terraza cubierta, con arcos apuntados formados por el entrecruzamiento de otros de medio punto, decorados también con azulejos.

 

 

Casas de Félix Sáenz

 

En el año 1922 Fernando Guerrero Estrachan levantó en el Paseo de Reding cuatro casas de viviendas (dos neomudéjares y dos neoplaterescas) conocidas como Casas de Félix Sáenz, nombre del empresario promotor que las mandó construir para destinarlas a alquiler. Destacan en ellas una rica decoración y un vistoso juego de volúmenes que crean, a su vez, un rítmico juego de graduaciones de luces y sombras. Cuatro torres, dos cuadradas en el centro y dos octogonales en los extremos coronan el edificio. Los azulejos están presentes en las albanegas de los arcos, contribuyendo también a la decoración bandas de ladrillos que recorren el muro horizontalmente, así como los tejaroces que cubren portadas, terrazas, balcones y torres, con tejas de cerámica vidriada de color verde de influencia nazarí.

 

 

Casa número 5 de calle Sagasta

 

Atribuida al arquitecto Daniel Rubio Sánchez, este inmueble es un llamativo edificio que resuelve estéticamente un ángulo de la manzana donde se ubica, formando una esquina curva cuyo cuerpo está rematado por torreta circular y coronada por un pequeño elemento poliédrico a modo de chapitel con tejas polícromas. Arcos mitrados (angulares), uso del ladrillo y de la cerámica vidriada y amplios tejaroces con decoración curvilínea en la madera imprimen al edificio un carácter orientalizante. El hecho de que en la construcción aparezcan elementos ausentes en otras obras de Daniel Rubio hace que no pueda asegurarse con certeza su autoría.

 

 

Casa número 3 de la avenida de la Rosaleda

 

Otra casa de viviendas atribuida igualmente a Daniel Rubio.

 

Consta de cinco plantas dividida en tres calles, de la cual la central es de mayor altura que las dos laterales. El edificio está rematado por una amplia cornisa y almenillas de influencia oriental; la parte central culmina en una torrecilla cuadrada de dos cuerpos con doble tejaroz.

 

La estructura de los balcones, separados por bandas verticales de ladrillo, se diferencia según las plantas. La última de ellas presenta vanos con arcos mitrados y decoración de alicatados formando lazos y estrellas octogonales.

 

 

 

Casa nº 6 de calle Sánchez Pastor

 

Por último, no podemos olvidar la casa de viviendas número 6 de la calle Sánchez Pastor que, aunque construida en el siglo XIX por el arquitecto que trazó la calle (Jerónimo Cuervo), presenta una fachada de principios del XX no construida por él, pero digna de mención.

 

La planta baja consta de dos arcos de herradura califales, con dovelas salientes y rehundidas que se alternan.

Las tres plantas restantes están decoradas a gusto nazarí, con yeserías de mocárabes policromados   y    lacería       que   flanquean longitudinalmente los balcones. Los vanos del segundo y tercer piso se enmarcan con arcos geminados de medio punto, ligeramente peraltados, mientras que el vano del primer piso es un arco de mocárabes influenciado claramente por los existentes en la Sala de los Reyes de la Alhambra.