Historia y Arte de Málaga

 

ARTE EN MÁLAGA

 NOTA PREVIA:

 

Este estudio sobre la portada del Sagrario de Málaga fue el resultado de un trabajo que la autora del mismo presentó en la Facultad de Ciencias de la Educación de Málaga el año 2006 cuando cursaba sus estudios de Magisterio. Ese mismo año lo alojé en mi antigua página web "Clio XXI. La página de la Historia", ya cerrada hace algún tiempo. Posteriormente, en el año 2013, el artículo se ha incluido en la Revista digital Gibralfaro de la UMA. Siendo la presente web la continuación de aquella primera a la que he hecho alusión, vuelvo a alojarlo, habiendo sido revisado por la autora, la cual ha introducido algunos cambios y aumentado el número de ilustraciones.

Juan V. Navarro Valls

Introducción

 

El sábado 18 de agosto de 1487, marcó un hito para la historia de la ciudad de Málaga. En esa fecha, derrotados por las tropas cristianas, los habitantes de la medina asisten absortos a la entrada solemne por la Puerta de Granada del comendador mayor de León Gutierre de Cárdenas y otros nobles, portando el estandarte real y el pendón de Santiago. Desde allí se organizó una comitiva en la que iban Pedro de Toledo, primer obispo de Málaga, el fraile mendicante Juan de Belalcázar y parte de la caballería, clerecía y soldada del real, entonando el Te Deum y dirigiéndose a la Alcazaba en la que enarbolaron el pendón, los estandartes y la cruz. Dos días después, caía Gibralfaro donde resistían épicamente un grupo de soldados gomeres al mando de Hamet El Zegrí. Acababa de esta forma para Málaga un período islámico de algo más de siete siglos para dar paso a un nuevo estatus político, social y religioso de la mano de los Reyes Católicos Isabel y Fernando, con la destrucción de la cultura musulmana y la inmediata creación de un estado cristiano moderno.

 

Cambios demográficos, políticos, urbanísticos que se producen en la ciudad

 

Para lograr este objetivo los Reyes llevaron a cabo una serie de medidas demográficas, políticas, urbanísticas y religiosas. Con respecto a la primera, el elemento musulmán es prácticamente borrado de la faz de la ciudad, siendo vendido en su mayoría como esclavos al no poder redimirse en masa por falta de dinero, permaneciendo solamente en la urbe un grupo de mudéjares encabezados por Alí Dordux que se ubicaron en la morería. Los judíos, más numerosos, estaban a su vez controlados en la judería, que pasó de estar localizada en la zona interior de la ciudad, a situarse extramuros, en el arrabal existente  al norte de la misma. Por tanto, la inmensa mayoría de la población malagueña la van a constituir elementos cristianos provenientes de otras zonas andaluzas y peninsulares.

 

En las reformas políticas no vamos a detenernos, baste con citar la constitución del concejo municipal controlado por la figura del corregidor como símbolo del poder real. En cuanto a las medidas urbanísticas, se derriban ajimeces y adarves, se cambian los nombres árabes de las calles por nombres cristianos y se abren otras nuevas. Se llevan a cabo los repartimientos, es decir, la asignación de las casas y campos que pasan a propietarios cristianos vinculados a los Reyes durante la conquista, bien por haberles ayudado militarmente, bien por haberles servido de cualquier otra forma. Así mismo se repartieron los edificios religiosos islámicos al clero que acompañaba a los conquistadores, de forma que las mezquitas se convirtieron en iglesias. En los lugares donde habían estado instalados los campamentos reales se levantaron conventos (Mínimos franciscanos en la Victoria, y el convento de la Trinidad en el actual barrio del mismo nombre).

La unidad de la fe católica

 

Son las reformas religiosas enfocadas a conseguir la unidad católica las que más nos interesan en relación a este trabajo: los mudéjares (aunque escasos en la ciudad, como hemos visto antes) se van convirtiendo hasta su asimilación; los judíos que no se convirtieron fueron expulsados; los cristianos nuevos (moriscos y  judíos) van a estar constantemente vigilados por la Santa Inquisición. Por otro lado, el hecho de que Málaga tuviese una importante actividad comercial, favorecía la presencia en ella de gran cantidad de extranjeros (genoveses, portugueses y de otras nacionalidades). En el siglo XVI existía el peligro de que muchos de estos extranjeros fueran luteranos a los que, junto a los nuevamente convertidos, había que controlar. De las muchas formas de ayudar y reforzar a la religión católica en contra de los posibles ataques de otros credos, será importante la propaganda de los símbolos y dogmas que la constituyen. Aquí es donde entra en función la Portada Nueva o del Perdón (la actual portada del Sagrario) que estaba destinada a ser la fachada principal de la primera catedral que se proyectó en la ciudad, conocida con el nombre de la Catedral Vieja.

La construcción de la Puerta del Perdón

 

En sus comienzos la catedral de la Encarnación ocupó el edificio de la antigua mezquita mayor. Su ubicación era perfecta para perpetuar el triunfo cristiano sobre el Islam

 

El afán de los Reyes Católicos de perpetuar la hazaña de la conquista de Málaga entendiéndola como el triunfo del cristianismo sobre el islam, hizo que se mantuviera en pie la antigua mezquita aljama para convertirla, una vez consagrada, en Catedral de la ciudad. La ubicación del templo, en lo alto de un pequeño montículo no podía ser más idónea, puesto que se encontraba en un lugar muy transitado, a orillas de la arteria principal de la ciudad (calle del Alcázar, hoy Císter, y Mercaderes, actual Santa María) que unía el centro militar de la Alcazaba, el comercial de la antigua alcaicería y el también comercial y administrativo de la Plaza de las Cuatro Calles (Plaza de la Constitución). Era pues el lugar ideal para el establecimiento de una serie de referencias que subrayaran la presencia del catolicismo en la ciudad. La primitiva catedral tenía una orientación Sur-Norte, siendo la portada que nos ocupa (Puerta del Perdón) la principal entrada a ella.

 

Pero en el año 1528 se comienza a construir la Catedral Nueva, previa demolición de la Mezquita-Catedral. La orientación del templo será ahora de Este a Oeste, con lo que la Portada del Perdón dejó de ser entrada a la basílica, aunque se conservó como Portada del Sagrario.

 

La construcción de la portada-retablo comienza en 1514

 

El origen de la Puerta del Perdón data de 1498, aunque sin la monumentalidad que adquirió posteriormente, pues en un principio sería un simple vano. Problemas en la administración de las rentas de la fábrica de la Catedral entre el Cabildo y los obispos, hicieron que las obras se ralentizaran más de lo previsto. Será el obispo Diego Ramírez de Villaescusa quien en 1514 acometa la edificación de la portada-retablo que hoy conocemos enmarcando el primitivo vano. Las construcción, no obstante, siguió siendo lenta y con interrupciones hasta que la intervención del emperador Carlos V consigue que se agilice, de forma que, en julio de 1526, bajo el episcopado de César Riario, ya estaba abierta al público. En cuanto a sus autores se barajan varios nombres que van desde Juan Guas hasta Nicolás Tiller, pasando por Juan de Colonia, Pedro López o el taller de Jorge Fernández.

 

El objetivo de la Portada es dejar clara la independencia de la Iglesia con respecto Estado autoritario moderno

 

El objetivo principal a plasmar en la fachada correspondía a los ideales religiosos de un sector de la iglesia española entre los que se encontraban el Cardenal Cisneros y el propio obispo Ramírez de Villaescusa, partidarios de la ortodoxia y el centralismo romano frente al modelo más independiente de la monarquía autoritaria. Prueba de ello es la total ausencia de símbolos referidos a los Reyes, mientras que, por el contrario, están presentes los iconos relativos a personalidades eclesiásticas.

 

El estilo arquitectónico: gótico tardío

 

El estilo artístico que se elige para llevar a cabo la obra es el gótico tardío, siguiendo el modelo implantado algunas décadas antes durante el reinado de los Reyes Católicos. Esto haría que se introdujesen temas iconográficos usados en la época medieval, como pueden ser el de los Apóstoles, los Padres de la Iglesia y los Evangelistas, o elementos heráldicos que exaltan a los fundadores y promotores de la obra, personalizados en el cardenal Mendoza, el obispo Pedro de Toledo y posteriormente César Riario, aunque en un principio, el escudo  y sello que se representaron pudieron ser del obispo Ramírez de Villaescusa, promotor de la obra, posteriormente  sustituidos por los de Riario, por ser en su episcopado cuando se terminó la portada. También hay un aumento de la decoración vegetal a base de cardinas, que enmarca y enriquece la obra a la vez que reafirma el dogma de la virginidad de María que en su Misterio de la Encarnación es el motivo central del programa iconográfico de la portada-retablo.

La iconografía de la portada: su distribución y significado

 

La fachada-retablo consta de tres registros agrupados en dos cuerpos bien diferenciados

 

Si efectuamos un análisis estructural de la fachada, vemos cómo ésta se presenta dividida en tres registros agrupados en dos cuerpos. El cuerpo inferior, consta de un sólo registro y ocupa la mitad de la superficie total. Se organiza en torno al arco de medio punto que sirve de acceso y en sus arquivoltas aparece una rica decoración vegetal, a excepción de la tercera de ellas donde se sitúa un apostolado. Las jambas de la mencionada arquivolta acogen las figuras de David e Isaías. En los contrafuertes que enmarcan la portada en este nivel se ubican las figuras de los Cuatro Evangelistas, que, dos a dos, flanquean las figuras del Arcángel Gabriel y de la Virgen respectivamente en clara alusión al Misterio de la Encarnación.

El cuerpo superior está dividido a su vez en dos registros. La tangente al arco de entrada alberga en su parte central la figura de El Salvador, encuadrado por una moldura vegetal de forma romboidal, y a ambos lados de ella se sitúan sobre dos peanas sostenidas por hojas carnosas el sello y el escudo de César Riario, mientras que en los contrafuertes están colocados los Padres de la Iglesia (San Agustín y San Ambrosio a la izquierda y San Gregorio y San Jerónimo a la derecha). Por último, en la zona más elevada del registro superior, centrando la imagen de la Virgen -excesivamente deteriorada, hasta el punto de no apreciarse con claridad la figura-, aparecen los promotores de la obra (a la izquierda el cardenal Mendoza protegido por un ángel; a la derecha el obispo Pedro Díaz de Toledo con Santiago Apóstol).

 

 

La portada tenía también la misión de evangelizar a los fieles (Virginidad de María y

la doble naturaleza de Cristo)

 

Estos elementos iconográficos responden a la problemática religiosa local  y nacional de la época. La Portada del Sagrario fue erigida como un documento en el que los fieles pudieran percibir de forma directa, por una parte, los principios fundamentales del cristianismo (Misterio de la Encarnación y Virginidad de María y la doble naturaleza humana y divina de Cristo manifestada por los Apóstoles, los Evangelistas y los Profetas en el Antiguo y Nuevo Testamento). Por otra parte, la hegemonía que ejercían los poderes eclesiásticos queda plasmada, como más arriba hemos aludido, a través de las figuras del cardenal Mendoza, que restituye el obispado de Málaga, y Pedro de Toledo, primer obispo después de la conquista. No deja de ser sintomático de la situación religiosa del momento el hecho de que el cardenal esté acompañado por un ángel, elemento de refuerzo de la Iglesia católica frente a las críticas de los reformadores y apoyo divino a la idea de cruzada y de restauración de la Iglesia cristiana en los territorios conquistados; por su parte, la presencia de Santiago asistiendo al obispo deja clara la idea de Cruzada y Reconquista magnificada por la monarquía de los Reyes Católicos.

 

Algunas zonas de la fachada, por causas diversas, se encuentran en un

lamentable estado de deterioro

 

Finalmente, a modo de reflexión, hay que resaltar que en el aspecto artístico la Portada del Sagrario es una de las mejores obras del gótico tardío andaluz. Desgraciadamente, el paso del tiempo y la acción humana, junto con la mala calidad de la piedra, han dejado su huella en esta obra de arte, encontrándose en la actualidad bastante deteriorada en alguna de sus partes. Corresponde a las instituciones civiles y religiosas y a todos los malagueños en general intentar preservarla de la progresiva destrucción a la que se está viendo sometida.

Bibliografía

 

  • AGUILAR GARCÍA, Mª Dolores (1998): Málaga: (1487-1550) arquitectura y ciudad, CEDMA., Málaga.

 

  • BEJARANO ROBLES, Francisco (1984): Las calles de Málaga. De su historia y ambiente, 2 vols., Arguval, Málaga.

 

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  • SAURET GUERRERO, Teresa (2003): La Catedral de Málaga, CEDMA, Málaga.