Historia y Arte de Málaga

 

LA PROVINCIA DE MÁLAGA

Contexto histórico

 

Tras la invasión musulmana, gran parte de la provincia malagueña pasa a formar parte de la Cora de Rayya

 

Tras la invasión y el asentamiento musulmán, gran parte de la provincia de Málaga pasó a pertenecer a una nueva circunscripción llamada Kura (o Cora) de Rayya, cuya capitalidad estaba en Archidona hasta el siglo X, pasando luego a Málaga. En ella se asentaban tanto población árabe, como bereber, que se repartían el territorio junto con la población autóctona hispano-goda.

 

La etnia árabe

 

Dentro de los árabes, dirigentes e integrantes del ejército, encontramos dos procedencias: por una parte los sirios y, por otra, los yemeníes , amén de la existencia de diferentes clanes tribales. Esta diversidad, hizo que estallaran enfrentamientos entre ellos en algunas zonas de al-Ándalus, aunque no fue el caso de la cora de Rayya.

 

El elemento bereber

 

Formaban el grueso del ejército conquistador. Los que se establecieron en la parte occidental de la provincia, en la Serranía de Ronda (cora de Tukurunna), se sublevaron contra el emirato  Omeya cordobés (794), siendo reprimidos por el emir Hisam I. Volvió a estallar la sublevación en el año 826 y, posteriormente, en el 849, hasta que fue sofocada por Abd al-Rahman II. El motivo de estas revueltas hay que buscarlo, principalmente, en la oposición de los grupos tribales bereberes a la organización estatal omeya, sobre todo, a raíz de la introducción de nuevas reformas fiscales.

 

La población autóctona hispano-visigoda

 

La población autóctona siguió el proceso de ruralización iniciado en la época visigoda, que afectaba tanto a aquellos que siguieron fieles a la religión cristiana (los llamados mozárabes), como a los que abrazaron  el credo islámico (muladíes). Aunque no se tienen datos concretos referentes al ritmo de conversiones al islam, los historiadores opinan que, a finales del siglo IX, una buena parte de la población hispano-goda habría abrazado la nueva religión, quizá motivados por  la exención del pago del impuesto (dimma) con que se gravaba a los que seguían manteniendo la fe cristiana.

 

Independientemente de las creencias religiosas, durante el emirato se van sustituyendo las normas sociales visigodas por las islámicas. No obstante este proceso fue lento y la aristocracia visigoda siguió manteniendo el poder y la preeminencia económica en sus territorios. El problema era en el caso de los matrimonios mixtos entre aristócratas hispano-godos y árabes, puesto que ello suponía abandonar el estilo de vida cristiano y acatar las normas de la familia islámica, con lo que muchos linajes visigodos se perdieron al tiempo que aparecieron nuevas estirpes musulmanas importantes gracias a los bienes conseguidos por estos matrimonios, que, aunque la Iglesia los desaconsejaba (Concilio de Córdoba de 839), se llevaron a cabo a menudo. No obstante, algunas familias lograron mantener la línea masculina, como fue el caso de los antepasados de Ibn Hafsún.

Algunas consideraciones historiográficas sobre Umar Ibn Hafsún

 

La figura de Umar Ibn Hafsún (عمر بن حَفْصُون) ha sido tratada de forma desigual por los historiadores desde el siglo XIX. El profesor de la Universidad de Málaga Manuel Acién, arqueólogo, arabista y gran especialista en el periodo andalusí, nos descubre los diferentes puntos de vista que la historiografía ha mostrado del personaje histórico que nos ocupa:

 

Para la historiografía decimonónica lbn Hafsún fue un bandido traidor, bandolero romántico y caudillo de la oprimida nacionalidad española

 

El incipiente liberalismo español de la primera mitad del siglo XIX, vio a Umar como un faccioso, bandido y traidor que se oponía al Estado. Pero en la segunda mitad del mencionado siglo, el holandés R. Dozy lo consideró como un bandolero romántico, estableciendo un paralelismo entre este y su lucha contra el emirato cordobés con la lucha del lusitano Viriato contra la ocupación de Roma, y considerándolo como expresión de la "España eterna". En este  sentido, F. J. Simonet abunda en que Umar Ibn Hafsún fue un caudillo cuya lucha iba encaminada a  liberar a España de los enemigos de su raza y de su religión.

 

Ya en el siglo XX, la historiografía franquista lo considerará un gran capitán popular hispano

 

Aunque en la primera mitad del siglo XX se implanta el nacionalismo asimilacionista que intenta aglutinar en la nación todo su pasado, incluido el pasado andalusí,  el franquismo  considerará a Umar como un exponente de  la raza y la hispanidad, "un gran capitán popular".

 

Otros puntos de vista desde mediados del siglo XX

 

El arabista francés Lévi-Provençal, en la mitad del siglo XX analiza la actuación del rebelde como depredadora, indiscriminada y de una ética poco justificable. En los años 70, el también francés P. Guichard, historiador de Al-Andalus, descarta en Hafsún cualquier motivación nacionalista y se inclina por la defensa de una sociedad feudalizante opuesta a la andalusí de tipo oriental. En los últimos años del siglo XX, para los historiadores andalucistas,  el objetivo de la revuelta se entiende como la independencia de Andalucía respecto al poder central emiral.

 

Sea como fuere, lo cierto es que Umar Ibn Hafsún, durante los años que duró la revuelta, fue uno de los mayores problemas de los emires cordobeses.

Sus orígenes y huida a África

 

Descendía de una familia notable visigoda

 

Parece ser que Umar ibn Hafsún era miembro de una importante familia visigoda (algunos han querido hacerle descender de la familia del rey Witiza) establecida en Ronda , donde permanecieron hasta que su bisabuelo, Yafar, se convirtió al islam. Entonces, pensando en su seguridad, se trasladó a la alquería de la Torrecilla  que algunos historiadores la sitúan cerca de Parauta, mientras que otros  la ubican  en los Montes de Málaga (entre Comares y Riogordo). Según las crónicas, es en este lugar donde se  engrandece el linaje familiar. Su padre se llamaba Hafs y tenía dos hermanos: Ayyub y Yafar. No conocemos con exactitud el año de su nacimiento.

 

Umar fue un joven fogoso y díscolo

 

Los cronistas árabes que nos cuentan la historia de Ibn Hafsun, muy próximos al poder emiral y, por tanto, enemigos del personaje, nos presentan la imagen de un bandido que de joven era travieso, díscolo y fogoso, que en una de sus reyertas mató a un vecino lo que le situó al margen de la ley, cometiendo diversos delitos y actos de bandolerismo junto a otros huidos de la justicia, hasta que fue apresado, azotado y puesto en libertad. Aconsejado, al parecer, por su padre, marchó al norte de África,  trabajando en Tahart (Argelia) al servicio de un sastre oriundo de Rayya. Un anciano le vaticinó que "sería rey de un gran reino", lo cual le animó a volver.

Pero, ¿dónde se ubicó Bobastro?

 

Más arriba hemos anticipado la existencia de teorías diversas sobre la localización de Bobastro, entre las que destacan dos: Ardales y los Montes de Málaga.

 

En las Mesas de Villaverde (Ardales)

 

De ellas, la que primero se formuló (siglo XIX) fue la que situaba a Bobastro en las Mesas de Villaverde, cerca de Ardales, llevada a cabo por F. J. Simonet, siendo admitida por todos los arabistas.

 

En el Cerro de Mazmúllar (Comares)

 

Sin embargo, en 1965, J. Vallvé Bermejo cuestionó el anterior emplazamiento, trasladándolo a la Axarquía, al cerro de  Mazmúllar  o Marmuyas, a unos dos kilómetros de Comares.

 

En conclusión

 

Iniciadas en la zona indicada por J. Vallvé unas excavaciones arqueológicas, no se logró aportar datos suficientemente concluyentes que corroboraran la hipótesis, por lo que la mayoría de especialistas, a falta de mejores aportaciones que confirmen lo contrario, siguen reconociendo a Bobastro en las mencionadas Mesas de Villaverde.

Bandolerismo y establecimiento del núcleo de la revuelta (880-883)

 

Ya de vuelta en España, Ibn Hafsún visita a su tío Mohadir, hombre acomodado que, escuchada la historia, le anima a probar fortuna. Reúne a cuarenta hombres entre campesinos, amigos y descontentos con el gobierno central del Córdoba. Marchan a Bobastro, reparan un antiguo castillo y desde allí empiezan a incordiar a toda la zona. Corría el año 880.

 

Umar y sus compañeros se dedican a dar golpes de mano

 

Este grupo de "sospechosos y malvados", como los califican las fuentes, se dedican a llevar a cabo una serie de golpes de mano por los alrededores, atraídos por el botín. Consiguen hacerse con Ardales y Álora, que serán siempre fieles a los rebeldes constituyendo su núcleo y bastión. Esto se produce en un ambiente general de descontento al emirato cordobés en todo al-Ándalus, donde surgen otras rebeliones provocadas, como antes se ha apuntado, por el reforzamiento del poder central y la introducción de reformas fiscales que perjudicaban a cristianos y bereberes.

 

Umar ibn Hafsún es apresado de nuevo

 

El emir Muhammad I logró apresar a Umar, llegando con él a un acuerdo consistente en integrarlo en el ejército  con un buen cargo. Este sistema de asimilación era frecuente entre los gobernantes cordobeses ya que tenía como objetivo atraerse a los descontentos rebeldes. De esta manera, Ibn Hafsún y los suyos participaron en una expedición oficial contra Álava formando parte de las tropas del emirato. La pretendida integración  falla y en el año 885 lo volvemos a tener en Bobastro sublevado de nuevo.

Expansión y fortalecimiento (885-891)

 

Con su base de operaciones en Bobastro, comienza la conquista en la Cora de Rayya de una buena cantidad de husún (plural de hisn: castillo organizativo y defensor de pequeños ámbitos territoriales denominados yuz).

 

Así, entre los años 885 y 887, consigue los de Awta (cercano a Riogordo), Comares, Mijas, Archidona, Casarabonela y Suhayl (Fuengirola).

En el año 888, Al-Mundir consigue arrebatarle Archidona y llegó incluso a poner cerco a Bobastro, pero murió durante el asedio. Le sucedió su hermano Abd Allah, con quien las insurrecciones en contra del poder central rebrotaron con fuerza por casi todo el emirato.

 

El nuevo emir intenta atraerse a algunos de los rebeldes, como ya hiciese su padre Muhammad. En el caso de Ibn Hafsún, lo hace cogobernador de la cora de Rayya. Pero pronto aprovechará su nuevo cargo para  volver a la insurrección, expulsando al otro cogobernador y promoviendo acciones encaminadas a fortalecer la disidencia. Estas acciones se pueden clasificar en: ataques y conquistas de nuevas plazas, alianzas con otros rebeldes y búsqueda de reconocimiento fuera de al-Ándalus.

 

Conquista de nuevas plazas

 

Primero, terminó de conquistar  la cora de Rayya, para lanzarse inmediatamente contra los territorios limítrofes. Aunque fracasa en su intento de ganar Algeciras, obtiene éxitos importantes en el valle del Guadalquivir, apoderándose de Estepa, Osuna y Écija. Baena le opuso una resistencia pertinaz, lo que le dio pie para, una vez tomada, llevar a cabo una masacre de su población lo cual influirá de manera definitiva en la  entrega de Priego.

 

Ejerce el saqueo  por el resto de la Subbética cordobesa y ocupó Poley (Aguilar de la Frontera), desde donde atacaba en continuas razias a los territorios cercanos a la mismísima Córdoba.

 

Alianzas con otros rebeldes

 

Para lograr el debilitamiento del poder central Omeya, no duda Umar en aliarse con otros rebeldes, ya sean muladíes, árabes o bereberes.

 

Siguiendo esta política, se alía a los  rebeldes muladíes  Ibn Mastaná (de la montaña cordobesa), e Ibn al-Saliya (de la zona de Jaén). También establece alianzas con el árabe Banu Hayyay (Sevilla) y con el bereber Banú Jalí de Canut (Cañete la Real). Estas alianzas, advierte el profesor Acién, "se realizan entre iguales, con carácter recíproco y sin que impidan la libertad de acción o de nuevos pactos por parte de los aliados, por lo que niegan la preeminencia que la historiografía otorgó a Ibn Hafsún al que llegaron a designar Rey del Mediodía" (Acién Almansa 1994, 199).

 

Además, estas alianzas son alianzas de clase, de intereses y no de raza ni nacionalistas, como mantenían algunos historiadores.

 

Tratados con otros reinos o estados

 

Con el fin de  legitimizar la sublevación y la  usurpación de los impuestos del emirato en su provecho, el rebelde Hafsún desarrolla una política exterior basada en el intento de establecer relaciones con otros reinos. Así, en el año 891 busca un acercamiento con el Estado de los Aglabíes de Túnez, que reconocían al califato abasí de Bagdad (contrarios, por lo tanto, a los Omeyas). En el año 910 busca la amistad del Estado de los Fatimíes, que sustituyó al aglabí, aunque fueran heterodoxos shiíes.

 

También tuvo intentos para establecer relaciones con el rey asturiano Alfonso III.

 

Características de la expansión

 

La expansión del muladí Ibn Hafsún se basaba en un sistema jerarquizado, dirigido por él y sus hijos, e integrado por mercenarios, eclesiásticos y pequeños rebeldes cuyos puestos principales se iban obteniendo por méritos internos. Los personajes más relevantes se denominaban ashab, a los cuales se les entregaban fortalezas llamadas ummahat al-husún, con alcazabas (residencia de los ashab), barrios, iglesias y mezquitas.

 

Desde allí controlaban las alquerías y territorios circundantes y eran la base para las expediciones de saqueo. Estas razias tenían como objetivo, tanto la intimidación, como ser fuente de botín, pero pronto resultaron insuficientes y  tuvieron que recurrir tanto a los impuestos ordinarios (yibaya) que antes pagaban al emirato, como a los impuestos especiales de extracción de rentas a la población sometida.

 

Para justificar los impuestos a la población sometida, Ibn Hafsún colocó un obispo en Bobastro e hizo construir iglesias en el territorio que controlaba. De entre ellas merece especial mención la iglesia rupestre de las Mesas de Villaverde, en Bobastro, de clara inspiración visigoda. Este afán de acercamiento a los cristianos culmina con su propio bautismo, con el nombre de Samuel, que llevará a cabo en el año 899.

Según los historiadores la conversión al cristianismo perjudicó a Ibn Hafsún

 

La conversión del muladí Umar al cristianismo, lejos de conseguir el apoyo cristiano, políticamente le perjudicó por todas partes. Los cristianos pensaron que la conversión era fingida e interesada. Entre los muladíes, tanto  en los seguidores sublevados como en los del resto de al-Ándalus,  tampoco fue bien vista, perdiendo el apoyo de muchos aliados y ganándose la enemistad de otros. Cuando busca  la ayuda del rey astur Alfonso III, no encuentra una respuesta satisfactoria.

Debilitamiento y final de la sublevación (891-928)

 

Junto a la conversión al cristianismo, la victoria Omeya sobre Poley, influyen en la decadencia de la revuelta

 

La victoria y recuperación por parte del emir cordobés Abd Allah de Poley y el posterior ataque a Écija, que apenas opuso resistencia y capituló muy pronto por falta de provisiones, van a marcar el principio del declive de la sublevación de Ibn Hafsún (año 891).

 

A raíz de los éxitos anteriores, el ejército emiral emprende una ofensiva en el valle medio y alto del Guadalquivir, produciéndose una alternancia en la posesión de las plazas de estos territorios. Pero con la entrada del nuevo siglo, la balanza empieza a inclinarse hacia el emirato, que derrota a Ibn Hafsún en Estepa y después consigue Jaén (903). Por estas fechas pierde, entre otros, el apoyo del bereber Banú Jalí de Cañete, que se somete al poder del Abd Allah. No obstante, su territorio base y casi toda la cora malagueña seguirán bajo el poder de Umar hasta la muerte del emir en 912.

 

La llegada del nuevo emir  Abd al-Rahmán III supone el ocaso total de Hafsún

 

El sucesor de Abdallah, Abd al-Rahman III, precipita la crisis de Ibn Hafsún. El aún no proclamado califa (no lo hará  hasta acabar totalmente con las rebeliones), emprende dos campañas contra el sublevado en los años 913 y 914, orientadas a aislarlo completamente de sus aliados de Andalucía oriental y pacificar definitivamente Jaén, Granada y la actual zona de la provincia gaditana. Los ataques contra el territorio malagueño son constantes, de tal manera que en el año 916 logra la sumisión definitiva de Umar. No obstante, sus hijos recogen la antorcha de la rebeldía y seguirán haciéndose fuertes en Bobastro una vez muerto su padre en el 917, aunque en un territorio muy reducido y con la oposición cada vez mayor de los habitantes, que llegaron a crear una facción procordobesa, encabezada por el obispo Ibn Maqsim y un grupo de notables señores hafsuníes que gobernaban ciertos ashab. Esta facción pactó la rendición final en el año 928. Abd al-Rahman III y su hijo al-Hakam marchan a Bobastro, exhuman los restos de Ibn Hafsún  y de su hijo Yafar y, llevados a Córdoba, son crucificados en una puerta de la ciudad junto a los restos de Sulaymán, otro de sus hijos. Pacificado al-Ándalus, Abd al-Rahman se proclama califa el viernes, 16 de enero de 929.

 

Conclusión

 

Parece demostrado que el movimiento de Ibn Hafsún no obedece a principios étnicos ni religiosos, ni mucho menos patrióticos.

 

Fue la conjunción de una serie de motivos  sociales, políticos y económicos, entre los que se encuentran, por un lado,  el intento de los descendientes de la antigua aristocracia hispano-goda de preservar, mediante coacción militar o ideológica, sus prebendas, sus derechos  y su status; y, por otro,  la desigualdad social, el injusto reparto de tierras, la discriminación de bereberes y  muladíes y el excesivo sistema de tributos que Córdoba quiso imponer a todo el territorio.

 

Todo ello aglutinó una gran masa de descontentos de etnias y religiones distintas que se sublevó por gran parte del territorio de al-Ándalus, a veces, luchando cada cual por su parte, otras, estableciendo alianzas. De todas estas sublevaciones fue sin duda Umar Ibn Hafsún el líder más carismático, cuya rebelión pervivió durante cerca de 50 años y que,  ciertamente, puso en jaque al emirato cordobés.

Bibliografía

 

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